Yecla visto por Azorín

Yecla visto por Azorín

La ciudad despierta. Las desiguales líneas de las fachadas fronterizas a Oriente resaltan al sol en vívida blancura. Las voces de los gallos amenguan. Arriba, en el santuario, una campana tañe con dilatadas vibraciones. Abajo, en la ciudad, las notas argentinas de las campanas vuelan sobre el sordo murmullo de voces, golpazos, gritos de vendedores, ladridos, canciones, rebuznos, tintineos de fraguas, ruidos mil de la multitud que torna a la faena.

El cielo se extiende en tersa bóveda de joyante seda azul. Radiante, limpio, preciso aparece el pueblo en la falda del monte. Aquí y allá, en el mar gris de los tejados uniformes, emergen las notas rojas, amarillas, azules, verdes, de pintorescas fachas. En primer término destacan los dorados muros de la iglesia Vieja, con su fornida torre; más abajo, la iglesia Nueva; más abajo, lindando con la huerta, el largo edificio de las Escuelas Pías, salpicado con los diminutos puntos de sus balcones. Y esparcidos por la ciudad entera, viejos templo, ermitas, oratorios, capillas: a la izquierda, Santa Bárbara, San Roque, San Juan, ruinoso; el Niño, con lo tejadillos de sus cúpulas rebajadas; luego, a la derecha, el Hospital, flanqueado de sus dos minúsculas torrecillas; San Cayetano, las Monjas…

Las campanas tocan en multiforme campaneo. El humo blanco de las mil chimeneas asciende lento en derechas columnas. En las blanquecinas vetas de los camino pululan, rebullen, hormiguean negros trazos que se alejan, se disgregan, se pierden en la llanura. Llegan ecos de canciones, traqueteos de carros, gritos agudos. La campana de la iglesia Nueva tañe pesada; la del Niño tintinea afanosa; la del Hospital llama tranquila. Y a lo lejos, riente, locuela, juguetona, la de las Monjas canta en menuditos golpes cristalinos…”.

La Voluntad, 1902. José Martínez Ruiz, Azorín.

OBSERVACIONES:

1) Detenerse en la palabra exacta y precisa, en la minuciosidad del detalle. Del mismo modo, atender a su selectivo y enriquecedor léxico. Medido y cuidado.

2) La puntuación, asignatura pendiente de buena parte de los periodistas y (gran número) de articulistas. Leyendo a Azorín, aprendemos a puntuar correctamente. Abandonar, pues, inservibles manuales de la RAE que sólo confunden y agolpan dudas al aspirante a escritor, periodista o alumno.

3) La Voluntad es una obra que requiere sosiego, pausa y pequeñas dosis de lectura para su buena digestión y aprovechar toda su pulpa. Esta obra reconocida de Azorín la escribió junto a su gran amigo Pío Baroja, mientras culminaba su trabajo de “Camino de Perfección”.

Author: JuanjoPaya

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1 Comment

  1. Conocer Yecla, junto a Monóvar y Petrel, es fundamental para entender a Azorín y el por qué de su obra.

    Jaime.

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