Sobre la renuncia al placer sexual de Jorge Juan

Vídeo publicado por el medio “Noveldadigital” que aborda el asunto de este artículo.

MIRA LA NOTICIA EN PDF: 

fotografoselda_20130107_180152

Meridiano maldito, obra del escritor valenciano Juan Vergara, narra las vicisitudes de la expedición científica francesa que, junto a los marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa, viajaron hasta Quito (Ecuador) para medir un grado del meridiano terrestre. Con las investigaciones de aquella misión, no exenta de dificultades en el primer tercio del siglo XVIII, se determinó que la forma de la Tierra no era perfectamente esférica.

Tras la lectura de la novela, una de las sensaciones más agradables que he tenido ha sido la de encontrarme a un Jorge Juan de carne y hueso, de acción, que camina por el puerto de Cádiz con el espadín brillando al sol, resonando sobre el pavimiento las hebillas de sus zapatos.

Y quiero decir con ello que, por primera vez, Jorge Juan está alejado de los libros de Historia, de los viejos documentos y los pies de página. Y nos adentramos en un mundo de ficción, en la verdad de las mentiras como diría el maestro Mario Vargas Llosa.

POCO O NADA DE SEXO
Respecto al retrato que Juan Vergara ha realizado sobre Jorge Juan, lo cierto es que la novela se muestra muy respetuosa con el personaje, y por sus acciones no se excede ni va más allá de lo que pensábamos o creíamos de él.

Se trata, pues, de un marino reflexivo, inteligente, culto, valiente y compañero inseparable de Antonio de Ulloa, lo que viene a ser un retrato totalmente fidedigno a los documentos de Historia.

También en alusión a Jorge Juan, me llamó poderosamente la atención cómo el escritor de Meridiano maldito abordaba el tema de la sexualidad  ya que, desde que fuera nombrado Caballero de la Orden de Malta, el marino noveldense tenía unas obligaciones insalvables como eran los votos de pobreza, obediencia y castidad. 

Y mi pregunta es… ¿Cómo un hombre de buen ver, como lo era Jorge Juan, no pudo al menos enamorarse  una sola vez en su vida? ¿Por qué no se ha encontrado ni rastro de estos sentimientos en las epístolas que se conservan del marino? 

Juan Vergara no esquiva el asunto en la novela, aunque tampoco profundiza en ella. Y nada más arrancar la novela nos dice eso de: “Jorge Juan parecía haber nacido para la obediencia, la pobreza y el serivicio hacia sus superiores. Pero guardar la castidad en plena eclosión de la adolescencia se le hacía más cuesta arriba”. 

La obra vuelve a aludir el asunto cuando, después de meses y meses en el Perú, Antonio de Ullosa se fija en el generoso escote de una mujer, a la que se le transparentaban los senos. Y en ese instante es cuando el narrador nos desvela que:

“Antonio de Ulloa admira de Jorge Juan, aparte de sus luces, la gallardía moral, el dominio de su persona en cualquier situación por complicada que sea, la obstinación con que se entrega a las causas. El voto de castidad lo sobrelleva con gran dignidad, sin fisuras ni falsos misticismos”. 

Yo, qué quieren que les diga, entiendo que Jorge Juan se deba a Dios y la patria. Y sí, está claro que eran otros tiempos. Pero no me creo, y vuelvo a insitir en ello, no me creo que en ningún retazo de su vida, Jorge Juan y Santacilia, no se refugiara en los brazos de una mujer… o de un hombre.

Author: JuanjoPaya

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *