La Casa Mira: el secreto modernista de Novelda

La Casa Mira, impresionante edificio de inicios del siglo XX, es objeto de deseo de políticos y entidades que dejaron de pujar por ella con la crisis económica.  FOTO: RAMIRO VERDÚ

Publicado en “Información” de Alicante, el domingo 2 de diciembre del 2012

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Delfina Marco, propietaria de la Casa Mira, impresionante edificio modernista ubicado en el corazón de Novelda, lanza los brazos al aire cuando espeta al conductor de un coche: “Oiga, oiga, ¿es que no sabe que no se puede aparcar ahí? ¿Es que no ha visto la señal?”. Acudimos por tercera vez a la Casa Mira, en apenas una semana, para convencerle de esta entrevista. “¿Para qué? ¡Si nadie me hace caso! Ahora me han puesto aquí delante un contenedor. Y… ¿sabes? Ya le he dicho al concejal que voy a tirar el contenedor al río Vinalopó con un tractor”.

Delfina Marco Chorro es soltera, octogenaria y heredera de la preciosa Casa Mira con estética modernista, asombrosamente bien conservada, y objeto de deseo de políticos y entidades que dejaron de pujar por ella con la crisis económica. “¿Aceptaría una oferta? “Según… Aceptaría a cambio de un sueldo todos los meses, que me pueda hacer una casita en la zona del servicio y una restauración, arreglo y mantenimiento a cuenta de ellos. Yo la quiero abrir al público, pero con unas condiciones”.

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La Casa Mira fue construida en 1906 por Francisco Mira Abad, un destacado empresario noveldense de vinos y aceites. Y su estilo sigue fielmente las líneas del arte modernista de la época, y que son visibles además en otros dos inmuebles del municipio: la Casa-Museo Modernista de la CAM y el Centro Cultural Gómez-Tortosa. 

El edificio cuenta con dos partes totalmente diferenciadas: la del servicio, más sobria y humilde, donde trabaja y vive el personal, y la de los propietarios, más amplia y espaciosa, en la que rezuman los detalles florales, la policromía en las paredes, muebles originales y cortinas de época espectaculares. “Hay quien va rezando por ahí para que me muera cuanto antes. Pero jamás malvenderé. Ahí están mis sobrinos, que son millonarios, que tienen su yate, último modelo de coche… no regalarán la casa, porque no tienen prisa y no les hace falta”.

La puerta-cancela que da acceso a las estancias más importantes de la casa es de hierro artísticamente forjado con pétalos y policromado, sobre carpintería de madera, diseñado por Anastasio Martínez. A los lados, una pequeña sala y el despacho, con un espectacular mobiliario que encierra en sus cajones las epístolas del señor de la casa. A la salida, nos tropezamos con dos percheros de gran altura y de madera, con incrustaciones naturalistas, dispares y de gran belleza. Al fondo, en la galería, el resto de espacios de la planta baja: el comedor, la salita de estar y el patio descubierto. “Aquí se podría poner un pequeño despacho para trabajar y organizar las visitas. Ah, pero si hay que darle sitio a una sola persona, que sea yo, porque aunque esté jubilada y tenga 80 años aún tengo el seso para eso”, afirma Delfina.

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El comedor, que se comunica con la cocina donde trabajan los sirvientes, con un hueco disimulado en la pared, nos traslada a otro tiempo, a otra época. Pared, techo y suelo de color y líneas florales, con incluso madera americana procedente de Canadá. Desde aquí también se puede entrar al patio, centro de reunión durante los meses de verano para los señores.

Tal y como señala Irene García, profesora de la Universidad de Alicante, en su libro El arte modernista en Novelda, “la escalera es quizás una de las joyas más preciadas de toda la casa por su papel principalísimo”.

La escalera helecoidal está perfectamente lograda, con madera de caoba por el pasamanos, mármol blanco de Carrara (llama la atención que, con canteras en la zona del Vinalopó, se optara por el mármol italiano, por su categoría de lujo, imaginamos), madera de nogal para el zócalo, con distintas piezas florales y naturalistas hasta el segundo piso, con hierro fundido y policromado en tonos verdes en la balaustrada. De este modo, se accede a la parte más íntima y residencial de la Casa Mira: dormitorios, gran salón y el complemento ineludible de las familias distinguidas: oratorio y sacristía. Y todos están conservados excelentemente.

Al final de nuestra visita, un amigo de la propietaria se cuela en la ruta, quien le pregunta: “Doña Delfina, ¿es usted como la duquesa de Alba?”. La propietaria de la Casa Mira no se arruga y le contesta: “A la Duquesa se lo dan todo gratis, y yo no tengo nada gratis. Y a lo que pide ella se lo conceden, a mí nada. Puñeteros todos”. 

Author: JuanjoPaya

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1 Comment

  1. Enhorabuena por el artículo, y un diez para la señora Delfina. Me encantaría conocerla.

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