Stransky, el actor-espía de Stalin

El director alicantino Valentí Figueres experimenta con el lenguaje cinematográfico para reflexionar sobre la desaparición y manipulación de la memoria en “El Efecto K”

Publicado en “Información” de Alicante, el lunes 31 de diciembre del 2012

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Maxime Stransky es un actor de Moscú que ejerce como espía para Stalin. Tiene dos familias, dos identidades, dos vidas paralelas. Maxime Stransky es un falso productor de Hollywood, implicado en el crack del 29, encargado de asesinar a un importante dirigente anarquista en la Guerra Civil Española y que fue capaz, además, de viajar a África, en plena II Guerra Mundial, para averiguar qué armas nucleares se ideaban para el final del conflicto.

Stransky es el hombre de confianza de Stalin, quien le obliga a separarse nuevamente de su familia en la Unión Soviética, para viajar a América y supervisar los futuros programas nucleares. Al final, es cazado por el FBI, lo que le obliga a emprender una huida desesperada en avioneta por el Polo Norte. Maxime Stransky es el héroe de la Patria Socialista que, al tiempo, termina sus días deportado al gulag de Kolimá. Desapareció él, y también desapareció toda su familia.

Si no fuera porque la vida de Maxime Stransky es pura ficción, ésta sería la historia con la que sueña cualquier cineasta para adaptarla a la gran pantalla. Sin embargo, para el director alicantino Valentí Figueres, la vida de Maxime Stransky, en todos estos acontecimientos históricos en los que se ve envuelto, es el punto de partida para la reflexión. Una reflexión que encamina al espectador a cuestionarse la desaparición y la manipulación de la memoria. Y todo ello mediante un lenguaje cinematográfico innovador, nunca antes trabajado en un largometraje, que le ha conllevado muy buenas críticas.

El Efecto K se basa en el experimento cinematográfico de Lev Kulechov en el año 1922 sobre el significado de la imagen y su valor. Nos habla de la memoria/verdad y de cómo puede ser modificada y suprimida. Maxime (Stransky) se enfrentará a este dilema, manipulando sus propios recuerdos y creando un nuevo significado de los hechos que vivió”, afirma Figueres, natural de Dénia, quien añade que “exploramos la memoria colectiva de un periodo privilegiado donde el arte y la vida se contaminan entre sí, donde nacen las teorías estéticas y sociales de un mismo caldo de cultivo. Para entender el siglo XXI tenemos que girar la vista atrás, e intentar comprender qué sucedió con nuestra inocencia ideológica en el siglo XX. Porque como dice Maxime: “El pasado es imprevisible”.

La cinta El Efecto K no ha pasado desapercibida en los circuitos cinematográficos, y de hecho ya ha obtenido la máxima distinción en el Film Festival de Nevada y Accolade. Distinciones que se deben, muy especialmente, a una nueva visión de entender el cine, y de cómo transmitir el mensaje. “Hemos querido construir un marco de expresión que atrape la mente y el corazón de los espectadores a través de la cámara subjetiva, el desenfoque, el contraluz, las sombras, el fuera de campo… de la historia como personaje, del viaje como descubrimiento. Porque la columna vertebral del montaje se basa en la similitud entre verdad y falsedad en la imagen”, agrega Figueres.

El Efecto K ha contado para su rodaje con el apoyo del IVAC y el Ministerio de Cultura, entre otras instituciones.

Author: JuanjoPaya

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