Cronistas oficiales: ¿Un cargo político más?

Más de 30 poblaciones de la provincia cuentan con este puesto histórico y vitalicio, designado a dedo por el gobierno local y que, en ocasiones, recibe retribuciones de las arcas públicas.

Publicado en Información de Alicante, el 13 de mayo del 2013. 

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El cronista oficial es un cargo de tradición histórica, honorífica y vitalicia que se repite en más de 30 municipios de la provincia de Alicante. En principio, este puesto recae en personas que se distinguen por su labor de estudio e investigación en el campo de la historia, sobre todo desde el ámbito local o del pueblo y ciudad donde ejerce su cometido. Aunque es el mismo cronista el que fija sus objetivos, en la mayoría de ocasiones desempeña el cargo de asesor en materia histórica con el ayuntamiento, actuando siempre de manera imparcial y desplazándose, si fuera necesario, a congresos y encuentros en los que representa al municipio.

Estas son las funciones esenciales de un cronista oficial, aunque la teoría no siempre coincida con la práctica. De hecho, el cronista oficial es un cargo histórico, honorífico y vitalicio, recordamos, que no siempre ha estado exento de cierta controversia. Primero, por su elección. El cronista oficial es nombrado por pleno ordinario o extraordinario en el ayuntamiento, una oficialidad que en realidad maquilla la elección a dedo de este cargo por el político o gobierno local de turno. De este modo, sin que exista un concurso de méritos o cualquier otro filtro para aspirar al cargo, en una especie de vacío legal, los políticos quitan y ponen al “cronista oficial” que sea más de su cuerda o afín.

En segundo lugar, el cronista oficial es un cargo no remunerado pero sí remunerable. ¿Qué quiere decir? Pues que el cronista oficial no goza de un contrato laboral, de una nómina del consistorio, pero sí cobra los gastos derivados por la coordinación de un ciclo o, incluso, la asistencia a un congreso en el que representa a la localidad. Gastos que, según las fuentes consultadas, pueden ascender a miles de euros, y que motivan principalmente la crítica a este colectivo en un contexto de crisis tan sensible como el actual.

Finalmente, queda saber hasta qué punto historiadores y cronistas oficiales se solapan quehaceres. Porque… ¿qué les diferencian? ¿Su carácter localista, el estudio histórico o el acercamiento o distanciamiento de los poderes públicos? ¿Se compenetran o se hacen la competencia? ¿Dónde empieza la labor de uno y termina la del otro?

Esto pone también en entredicho el cargo de cronista oficial, desaparecido en las ciudades más importantes de la provincia, en Alicante, Elche, Alcoi o Elda, y que en cambio se mantiene en pequeñas poblaciones como Granja de Rocamora, Muro, Novelda, Cox, Orihuela y Torrevieja, siendo estos últimos los casos más excepcionales. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Tiene verdadero sentido el cargo de cronista oficial en pleno siglo XXI, en la sociedad de la información, en la era de Internet, los blogs y las redes sociales?

A FAVOR Y EN CONTRA

Para Miguel Ors, historiador ilicitano y director de la Cátedra Pedro Ibarra de la Universidad Miguel Hernández de Elche, la figura del cronista oficial carece totalmente de valor en la actualidad. “En el siglo XXI no tiene sentido porque, felizmente, somos algunos, no muchos, los que nos dedicamos a la investigación histórica y lo único que nos faltaba es ser cronistas oficiales. No están tampoco los tiempos para la lírica. Un cronista pagado por el Ayuntamiento sería absolutamente estúpido. Acabaría siendo el cronista del PP, del PSOE o del que fuera”, afirma.

Para Ramón Baldaquí, profesor de Técnicas Historiográficas de la Universidad de Alicante, no conviene alejarnos de las costumbres, de las tradiciones, y apuesta por mantener el cargo de cronista oficial. “Ellos escriben la historia oficial, ni más ni menos. La historia desde el punto de vista suyo. ¿Y qué sentido tiene mantenerlos? Sería por conservar una tradición, la publicación oficial de un ayuntamiento, de un municipio para entendernos”. Con todo, Baldaquí reconoce que la preparación académica de los cronistas oficiales es “muy dispar”, puesto que los hay doctores y los hay sin estudios, y matiza sus presuntas distinciones: “Hay quien sale en las procesiones con la corporación, y a lo mejor hay alguien al que le dedican una calle cuando se muera. Pero no creo que hayan muchas más distinciones que eso“.

Finalmente, el catedrático de Historia de la Universidad de Alicante, Salvador Forner, agrega sobre este mismo asunto que “la figura del cronista oficial tiene una larga tradición como narrador objetivo de hechos que por su interés deben registrarse en la historia de una localidad. El desarrollo de los medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales, ha quitado relevancia a esta tarea de registro de acontecimientos y hechos relevantes con lo que hoy en día el valor de la institución es fundamentalmente simbólico y de representación”. Y, en este sentido, Forner alude también a la formación de los cronistas oficiales, ya que no suelen “pertenecer al mundo académico” debido a que “en la actualidad la especialización profesional del historiador no resulta muy adecuada para cubrir los conocimientos generales y estrictamente locales de la historia”.

Author: JuanjoPaya

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