Toulouse dedica una calle al político y pedagogo alicantino Rodolfo Llopis

Autoridades francesas y el Consulado General de España rinden homenaje al que fuera secretario general del PSOE y presidente de UGT en el exilio durante casi 30 años.

Publicado en Información el 13 de abril del 2015

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Primeras autoridades de Toulouse, junto al Consulado General de España en la citada ciudad francesa, rinden homenaje el próximo viernes 17 al político y pedagogo alicantino Rodolfo Llopis, en una simbólica ceremonia donde se bautizará una calle con su nombre recordando así la vida y legado del que fuera presidente del Gobierno de la República española (entre febrero y agosto de 1947), además de secretario general del PSOE y presidente de UGT en el exilio durante casi 30 años.

Llopis (nacido en Callosa d’en Sarrià en 1895, y fallecido en Albi, 1983) es una pieza clave para la compresión de nuestra reciente historia, que también la francesa y por ende la europea, y que con mayor significado ha contribuido en la educación española en los últimos 100 años. Un reconocimiento que vuelve a ponerse ahora de manifiesto con este acto, el próximo viernes a las 11.30 horas, impulsado principalmente por el sindicato francés Fuerza Obrera, al que estaba adherido Rodolfo Llopis durante el exilio.

Hasta la ciudad francesa de Toulouse se desplazará un equipo de las productoras valencianas Onair y Visual, que están elaborando un largometraje documental sobre la figura de Llopis, y que cuenta con la participación de familiares, historiadores y testimonios directos de referentes como Alfonso Guerra, Nicolás Redondo, Pablo Castellano, José Martínez Cobo, Manuel Simón o Amadeo Calzada, entre otros. Esta pieza audiovisual, con guión y dirección de Francesc Picó, y realización y montaje de Xavi Cortés, va encaminada a retratar, rescatar y difundir la memoria de Rodolfo Llopis en un siglo XX  marcado por la transformación social, política y cultural.

«La firme y tenaz vocación política de Llopis es consecuencia de una anterior, la de maestro y pedagogo, un campo en el que desarrolló una intensa y brillante actividad que culminaría con su nombramiento como Director General de Enseñanza Primaria en el primer Gobierno de la República. La educación del pueblo es, para él, la única manera de garantizar de manera permanente las libertades, la democracia, la justicia social y el progreso. El pensamiento y la acción política de Jean Jaurès será el referente del joven Llopis en su trayectoria de pedagogo y, posteriormente, de sindicalista y político», reza una de las partes argumentales del documental.

Junto a este largometraje documental, lo cierto es que en los últimos meses se han llevado a cabo distintas actividades con el fin de promover el legado del sindicalista alicantino. De hecho, recientemente, la Fundación Indalecio Prieto publicó la obra Rodolfo Llopis, pedagogo y político, que incluye investigaciones y artículos en los que se alude a su activa colaboración con la prensa de la época para la divulgación pedagógica; su papel decisivo en la eliminación del analfabetismo y su aportación fundamental para la definición de los artículos sobre la educación en la Constitución republicana; sus relaciones y amistades con las altas instancias del Gobierno, como Indalecio Prieto, Largo Caballero, Manuel Azaña, Negrín o los ministros Fernando de los Ríos y Marcelino Domingo; o su ayuda para la evacuación al término de la Guerra Civil de las comitivas socialistas de Alicante y Valencia a Orán con el Stanbrook.

«Cuando regresamos a Alicante en 1976, llorábamos los dos como niños»

Rodolfo Llopis Boye, nacido en Albi en 1939 durante el exilio francés, es hijo del alicantino Rodolfo Llopis. Emocionado, que también feliz ante el inminente homenaje de Tolousse, Llopis Boye dedicó también toda su vida a la enseñanza como profesor de inglés, aunque su idea era la de impartir clases en español, según relata en una conversación telefónica con este medio. «Pero como en las oposiciones tenía que pasar un año en España, y a mi padre le tenía prohibido el franquismo pisar suelo español, le prometí que no viajaría hasta allí hasta que no le dejaran. Y cumplí mi promesa», señala. Así, en 1976, cuando las fronteras se abren para los exiliados políticos, ambos tomaron un vuelo rumbo a Alicante. «Tomamos el avión juntos desde Tolousse. Viajé con él muy orgulloso. Él quería tomar un vuelo directo a Alicante, a El Altet, pero no había y paramos en Barcelona. Recuerdo que, cuando cruzamos los Pirineos, me agarró muy fuerte la mano y le vi llorar. Estuvimos los dos llorando como dos niños. Y, en ese momento, salió el comandante del avión con una copa de champán para celebrar su vuelta. Ya en Alicante, en el aeropuerto, había mucha gente esperándonos. Viajamos desde Barcelona con el Hércules, que venía de jugar un partido, y la gente no estaba allí por el equipo de fútbol, sino por la alegría del regreso de mi padre». Tras el vuelo, hubo un paseo por la Explanada entre padre e hijo, y de ahí al Puerto: «De aquí, de este muelle, salió mi barco», le dijo.

Author: JuanjoPaya

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