Antonio Vicent: Viaje al mundo de las flores

El alicantino Antonio Vicent pone a la venta su coche, tienda y toma los ahorros de toda una vida para embarcarse en el rodaje de un documental floral con el que lleva recorridos más de 20 países.

Publicado en Información el 18 de abril del 2016

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La frase es un tópico pero en el caso del alicantino Antonio Vicent se cumple a rajatabla: «lo dejó todo por un sueño».

Puso a la venta el coche; traspasó la tienda y liquidó sus existencias; tomó los ahorros de una vida y, tras las pertinentes despedidas de
amigos y familia, se embarcó en un viaje con el que lleva recorridos más de 20 países y 60.000 kilómetros a sus espaldas en nueve meses. ¿El objetivo? El rodaje de un documental sobre flores en los rincones más espectaculares del planeta.

«Todos creyeron que me había vuelto loco. Me gusta el humor, y siempre estoy bromeando con una sonrisa, por lo que mis amigos más cercanos me decían: “Estás loco”. Mi familia no me creía, pero cuando todos vieron que le colocaba los carteles de “se traspasa” a mi extienda, fue cuando se dieron cuenta de que esto iba en serio… Ahora mi familia me apoya al 120%, al igual que mis amigos», explica Antonio Vicent, nacido en Onil, aunque también es muy conocido en Castalla, donde se ubicaba su antiguo comercio.

Antonio Vicent iba camino de la medicina cuando una revista sobre flores despertó su verdadera vocación. Después, viajó a Madrid para ingresar en la Escuela Española de Arte Floral, se desplazó por toda Europa en constante formación (Francia, Holanda, Escocia, Inglaterra, Italia…) y, finalmente, culminó su carrera académica como Técnico superior en Diseño y Arte floral en la Universidad de Sevilla. Conocimientos que, en resumidas cuentas, no conseguían saciar su pasión por las flores.

«Lanzarse a un viaje tan largo me parece una decisión equiparable a la de tener hijos o cuando abres un negocio. Es uno de esos proyectos vitales que, si te lo piensas un par de veces, terminas por posponer», explica respecto a una decisión que nace tras noches de insomnio, dudas e incertidumbre, donde «el miedo es una planta carnívora, y las dudas son su alimento».

Por eso un día Antonio Vicent se puso en marcha con mochila y sus cuatro cámaras para el trabajo audiovisual. ¿Y su meta? «Enseñar la importancia que tiene la naturaleza en nuestra vida, el mostrar lo poco que se necesita para alegrar a alguien conocido o extraño el día. ¿Cómo? Regalándole una flor», apunta Antonio Vicent, respecto a las flores y plantas del mundo que están repletas de efectos beneficiosos para el ser humano:

«Quiero mostrar que una planta tiene la capacidad de renovar el oxígeno en nuestro centro de trabajo. Mejora la capacidad de concentración, nuestro humor, además de un largo etcétera… Y sobre todo quiero dar a conocer este maravilloso mundo».

En todo este tiempo, se acumulan las anécdotas e historias. Aunque las flores, que son el principal objeto que ha movido su viaje, son las que deparan sus mayores reflexiones durante el viaje: «El país por excelencia de respeto e importancia hacia las flores de todos los que he visitado es Holanda. Allí están continuamente innovando en nuevos cultivos y en reciclar. Ellos utilizan todas las energías conocidas para causar el menor impacto a la naturaleza, y sé que están estudiando un sistema de canalización para usar el calor que se genera en el puerto más transitado del mundo en Róterdam», apunta Vicent, quien tampoco le gustó lo que vio en India cuando «dejan las flores deshidratadas en los suelos de los mercados y las paradas a la espera de los clientes».

Pero no todo ha sido un camino de rosas, nunca mejor dicho, por lo que concierne al viaje y documental de Antonio Vicent. De hecho, tal y como explica, sufrió un incendio en su casa meses antes de partir a la aventura; en Ulan Bator, Mongolia, le destruyeron parte de la cámara de alta definición; y en India, en Varanasi, le robaron el equipo a punta de navaja:

«Aquel día pregunté en el hotel si era seguro grabar el amanecer a las cinco de la madrugada, me dijeron que sí y una vez encontrada la mejor localización, coloqué mi cámara con el trípode, busqué el encuadre perfecto, presioné el botón para grabar y cuando me incorporé una navaja presionaba mi cuello y una voz me susurraba al oído en un precario inglés: “dame todo tu dinero”. Le respondí que no llevaba nada, y unas segundas manos me registraron y solo encontraron la llave del hotel. Entonces me dijo: “En vista que no tienes nada más de valor, despídete de tu vida”. Notaba cómo la navaja presionaba más fuerte mi cuello, bajé la mirada, vi la cámara y exclamé: “La cámara, llévate la cámara con todo el material grabado”. Revisaron la cámara y se la llevaron. Y antes de partir me dijo: “Eres un hombre afortunado”».

De cualquier modo, resulta difícil borrarle la sonrisa a Antonio Vicent. Lo suyo es un optimismo a prueba de golpes. Y, mientras tanto, su viaje y sueño continúa en un rodaje que se ampliará todavía unos meses (una vez acabado, tiene previsto moverlo entre los circuitos más especializados), por lo que, hasta el momento de su montaje y estreno, pueden seguir sus crónicas, vídeos y fotografías en el blog Floral Adventure.

Author: JuanjoPaya

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