El cine en Alicante en días de dolor, muerte y bombas

El profesor eldense Fran Cerdà cataloga más de 2.000 películas, carteles y programas de mano del séptimo arte alicantino durante la Guerra Civil Española. El riguroso estudio, fruto de su tesis doctoral, constata el espectacular aumento de asistentes a las salas cinematográficas cuando estalla el conflicto en 1936.

Publicado en Información el 1 de mayo del 2016 

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En los días de muerte y bombas, cuando el hambre y el agotamiento más apretaban, en marzo de 1939 y al final de la Guerra Civil Española, las salas de cine de Alicante continuaban atestadas de público. Así, en los días de dolor y sufrimiento, decíamos, cuando el terror y la soledad asaltaban con mayor frenesí, la sociedad alicantina se refugió en la magia que aflora en el séptimo arte para combatir la brutal realidad de los sonidos de balas y metralla que perforaban carreteras y casas.

«El cine introducía un elemento de normalidad en unas vidas que no tenían nada de normales debido a las terribles condiciones de una vida de hambre y privaciones. Los alicantinos se habían emocionado, reído y conmovido viéndose reflejados en sus sueños en unos temas, unos modos de representación, unos personajes y una música que sentían como propias. Eso no se lo podía quitar nadie, ni tan siquiera la guerra. Por ello, durante la Guerra Civil Española, los alicantinos siguieron asistiendo a los cines para sentir, aunque fuera por unas horas, cómo eran ellos y cómo eran sus vidas antes de la guerra», asegura el profesor eldense Fran Cerdà, autor de la tesis doctoral Historia del cine en Alicante durante la Guerra Civil Española (1936-1939), presentada recientemente en la Universidad de Murcia.

Este es un trabajo titánico, de rigurosa investigación y dedicación, que ahora ve la luz tras escudriñar durante años en los numerosos centros documentales de la provincia públicos y privados (Fundación Caja Mediterráneo, Archivo Municipal de Alicante, Archivo Fotográfico de la Diputación, el Archivo Histórico Provincial de Alicante -de la Generalitat Valenciana-, así como en las colecciones de Paco Huesca, la Familia Portes o la Familia Martínez, entre otros).

De este modo, Fran Cerdà ha catalogado más de 2.000 películas, carteles y programas de mano del séptimo arte alicantino durante la contienda «incivil», lo que indica el consumo y respaldo absoluto de Alicante hacia el cine y sus programaciones en unos tiempos donde, por paradójico que pueda parecer, ni la guerra, ni sus sangrientas y crueles consecuencias, paralizaron la vida cultural de la ciudad.

«La guerra propició un espectacular aumento de la asistencia a los cines, sobre todo durante los meses en conflicto de 1936 y durante todo 1937», apunta Cerdà, quien agrega que: «El cine era para los alicantinos un mero espectáculo. El cine era el cine y la guerra la guerra. Entrar al cine significaba evadirse de los problemas y poder soñar un rato. Los sueños eran una cosa y la realidad otra y esa era una asociación mental profundamente consolidada desde las brillantes temporadas cinematográficas anteriores a la guerra. Los alicantinos continuaron asistiendo a los cines no solo a ver el mismo tipo de películas sino que, llegado el momento, también asistían a ver “las mismas películas”».

Todo este éxito del séptimo arte cabe insertarlo, además, en un «eje de ocio» alrededor del Teatro Principal de Alicante con salas renovadas y modernizadas ante la implantación del cine sonoro. Un marco de ensueño, y que nunca más volvería a repetirse en nuestra historia, con Grandes Salones Central Cinema, Ideal Cinema, Monumental Salón Moderno, Salón España, Salón Granados (en el barrio de Benalúa), el Cinema Carolinas, el Salón Antinea, el Salón Babel, El Cinema La Florida, El Cine Altamira, Cine Los Ángeles y hasta el Cine Público Paseo de Soto para el verano, entre otros.

«Esta extensión del fenómeno cinematográfico y del parque de salas alicantino junto a su temprana sonorización en relación al contexto español se nos antoja espectacular al compararla con la de otras zonas como Valencia o Murcia», resalta Cerdà.

Otras notas de interés de la tesis doctoral del profesor Cerdà recaen sobre los gustos y temas cinéfilos de los alicantinos, que curiosamente se alejaban de la propaganda política, bien comunista o bien anarquista, decantándose por las producciones españolas (y republicanas) que se imponían a las de Hollywood (lo que sería una utopía en la actualidad).

«La evolución de la guerra hizo que las levas para el Ejército Popular estuvieran compuestas por hombres cada vez más jóvenes y maduros, lo que generó una progresiva feminización de la sociedad alicantina, fenómeno al que la cartelera dio respuesta de manera muy evidente desde los últimos meses de 1937 hasta el final de la contienda en forma de géneros como el melodrama y films donde el protagonismo caía del lado femenino», matiza Cerdà.

En este sentido, y frente a las pantallas alicantinas, circulaban especialmente nombres españoles, canciones y temas con el que se sentían identificados, con Imperio Argentina, Miguel Ligero, Angelillo, Rosita Díaz o Catalina Bárcena contra la competencia bestial venida del mercado norteamericano con pesos pesados como Marlene Dietrich, Greta Garbo, Barbara Stanwyck, Franchot Tone, Bette Davis, Joan Crawford y Nancy Carroll, Paul Muni, James Cagney, Gary Cooper, Fred Astaire, los Hermanos Marx, Popeye, Mickey Mouse o Bety Boop.

«La guerra no varió los gustos cinematográficos de los alicantinos que siguieron viendo el mismo tipo de cine que veían antes del conflicto pese a los esfuerzos del aparato de propaganda comunista por modelar ese gusto mediante la programación continuada de aleccionadores films soviéticos durante los primeros meses de 1937», apunta Cerdà respecto a una tesis doctoral que tiene visos de trasladarse, próximamente, en formato documental.

Al menos, hay base de sobra para ello, documentación a raudales, y unos resultados de interés que vienen a contribuir al conocimiento de la Guerra Civil en la provincia de Alicante.

Author: JuanjoPaya

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