La Fundación Caja Mediterráneo finaliza la catalogación de Jorge Juan

Genio matemático y científico alicantino, ilustre español del XVIII, el Museo Modernista de Novelda lleva trabajando en su legado desde 1996, compuesto por documentos únicos y de gran valor que son claves para entender buena parte de la historia de España.

Publicado el domingo 3 de abril del 2016

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JorgeJuan

El legado del marino alicantino Jorge Juan Santacilia, que la Fundación Caja Mediterráneo recopila desde 1996 y que termina de catalogar recientemente, es de obligada referencia en cuanto representa uno de los hitos científicos de nuestra Ilustración.

Está compuesta la exquisita colección por objetos personales, cartas, manuscritos y herramientas de trabajo originales que, por un lado, aprisionan el testigo y trayectoria vital del científico español por antonomasia del siglo XVIII y, por otro, preservan la memoria, saberes y compromisos del que fuera ingeniero militar de la Armada española y, todavía hoy, figura de absoluta veneración en los astilleros más importantes de España, ya sea Cartagena, Cádiz o el Ferrol.

«En la Fundación Caja Mediterráneo nos hemos propuesto firmemente dar a conocer al público y a los investigadores la riqueza de nuestros legados y colecciones, y hemos arrancado con el ingente trabajo de actualización de la catalogación integral de todos nuestros fondos, acumulados a lo largo de los 142 años de historia de la Obra Social de la Caja, bien por adquisiciones bien por donaciones de particulares, que veían en nuestra entidad la mejor garantía para preservar importantes documentos históricos que paulatinamente van a ver la luz», señala Matías Pérez Such, presidente de la Fundación Caja Mediterráneo, quien agrega que «ahora mismo estamos en disposición de anunciar que hemos finalizado la catalogación del legado de Jorge Juan Santacilia, uno de los alicantinos más ilustres, quizá el más universal, de suma importancia para la historia naval española y fundamental para la Armada española. Se trata de un personaje extraordinariamente interesante, marino, investigador, científico y hasta espía, cuyos conocimientos fueron tenidos en cuenta por varios monarcas y cuya figura, a nuestro entender, aún está por reivindicar como se merece».

La Casa Museo Modernista de Novelda acoge desde 1996 este tesoro archivístico en el que podemos atender a documentos únicos y de un valor incalculable que vienen a ser claves para entender buena parte de la historia de España.

Entre ellos, el diario que realizó Jorge Juan desde Tetuán hasta la Corte de Marruecos en calidad de embajador de España (en esta misión diplomática el marino alicantino sella beneficiosos acuerdos para la corona en materia de cierre de fronteras y acuerdos de pesca); la cédula de Felipe V que marca los sueldos que recibirían Jorge Juan y Antonio de Ulloa poco antes de su expedición a Quito, junto a científicos franceses, para determinar las medidas de la Tierra; su nombramiento como jefe de Escuadra de la Armada española; los diplomas de la Academia de Ciencias de Berlín y París con el reconocimiento a Jorge Juan; su certificado de fallecimiento y, como curiosidad, cabe citar hasta súplicas al papa Benedicto XIV – redactadas personalmente por el marino- para disponer de libros prohibidos…

El legado, que sigue abriendo nuevas vías al conocimiento, es además una lucha contra el tiempo. Una lucha contra el inexplicable desconocimiento y olvido ante lo que vendríamos a llamar ahora como un humanista integral, un genio aventajado de su tiempo, que ejerció además como matemático, geógrafo y diplomático.

«Todo lo que sea ordenación y disposición para facilitar y aproximar a los investigadores a este legado y fondo tan importante, bienvenido sea. Todo lo que sea conocimiento, existencia y consulta de fuentes, en las mejores condiciones, es importantísimo», apunta Armando Alberola, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Alicante, respecto al legado de Jorge Juan de la Fundación Caja Mediterráneo.

Con las epístolas reunidas por el legado de la Fundación Caja Mediterráneo es posible, incluso, ahondar en el aspecto más humano del marino. Así, descubrimos a un Jorge Juan cercano a su familia, que se alegra cuando su hermana Margarita se reconcilia con su madre, o bien se muestra preocupado cuando le ruega a su hermano Nicolás ayuda en un trámite con el marqués de la Ensenada. Temores, enfermedades, reflexiones… solo por estas epístolas es posible conocer la otra cara, la íntima y más próxima, del insigne Jorge Juan.

«El legado de Jorge Juan de la Fundación Caja Mediterráneo es un tesoro que ha sabido nutrirse de importantes colecciones como la de Elías Abad. Además de esto, todavía hay cosas que explorar sobre todo en lo que concierne a la personalidad de Jorge Juan. Son facetas que están por descubrir, y que tenemos muy cerca», afirma el economista alicantino Amadeo Sala, investigador de las cartas encriptadas de Jorge Juan, y que se encargó de estudiar en el Archivo de Simancas.

En este sentido, Alberola recalca la vigencia de Jorge Juan en el siglo XXI como lo fue en el XVIII porque «es un personaje de suma actualidad, como cualquier persona que ha dedicado su vida a mejorar el avance científico de un país. Son personas que nunca pierden actualidad porque están de dentro de todo lo que nosotros consideramos estado de un bienestar: luchar por la ciencia, luchar por mejores condiciones de vida, luchar por el progreso científico… son labores que no tienen temporalidad y que siempre deben estar presentes».

Miembro de la Orden de Malta, castidad y nobleza
Jorge Juan Santacilia nace el 5 de enero de 1713 en Novelda. Huérfano a los tres años, la educación del niño fue asumida por su tío paterno, Cipriano Juan, caballero de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén u Orden de Malta, quien facilitó el envío de su sobrino en dicha orden militar con tan solo 12 años de edad. En cumplimiento del ritual, Jorge Juan juró «prestar para siempre, con la ayuda de Dios, una verdadera obediencia al Superior, de vivir sin poseer nada como propio y de observar la castidad…». Además, para el ingreso en esta antiquísima orden fundada en 1099, Jorge Juan tuvo que superar los exámenes de pureza de sangre y nobleza.

Medición del meridiano y la forma de la Tierra
El conocimiento de la forma de la Tierra era una cuestión fundamental para la navegación de la época y, sin embargo, en el primer tercio del siglo XVIII todavía se ignoraba. ¿Se asemejaba más a un melón o una sandía? Jorge Juan y Antonio de Ulloa (con 21 y 19 años) participaron en esta misión junto a destacados miembros de la Academia de París como el geómetra Pierre Bouguer, el astrónomo Luis Godin, el químico y naturalista Charles de La Condamine o el científico Joseph Jussieu, para estas mediciones en Quito.

Misión de paz y comercio en Marruecos
En 1767, Jorge Juan es nombrado embajador de España ante la Corte de Marruecos, y emprendió viaje desde Cádiz. Tras seis meses, el diplomático negoció y firmó con el sultán el primer Tratado de Paz y Comercio que rigió las relaciones entre ambas naciones. Por otro lado, Jorge Juan también fue comandante de la Compañía de Guardias Marinas de Cádiz y director de su Academia, creando allí en 1753 el primer Observatorio Astronómico de nuestro país. También dirigió el Real Seminario de Nobles de Madrid.

Cartas encriptadas en una misión de espionaje en Londres

El investigador alicantino Amadeo Sala traduce y desvela los códigos del marino alicantino cuando ejerce de agente secreto para la corona.

Quien entonces reinaba el mar, reinaba el mundo, por lo que Jorge Juan recibió el encargo del marqués de la Ensenada de viajar a Inglaterra en misión secreta en octubre de 1748 para hacerse con todas las «ventajas» navales de los ingleses: fábricas, materiales, técnicas, obreros… Jorge Juan y Ensenada sabían que el problema de los barcos españoles era su mala maniobrabilidad y sus materiales (lentos y pesados, lo que eran buenos para las cargas, pero malos para las guerras), respecto al sistema inglés.

No era una misión cualquiera, y tampoco podía estar en manos de un inexperto (de hecho, el embajador español en Londres, Ricardo Wall, se descartó para el cometido), aunque sin él saberlo, Jorge Juan y Ensenada ya tramaban los detalles de los objetivos. Se requería, por tanto, de una persona que dominara ampliamente todos los sistemas (desde conocimientos matemáticos a copia de planos), y Jorge Juan no decepcionó en absoluto.

En apenas un año, Jorge Juan remitió larguísimas cartas con los más variados contenidos, desde informes precisos sobre las estrategias políticas de los ingleses en América, como aranceles y movimientos; toma notas sobre los avances científicos del momento, como los revolucionarios relojes Harrison, capaces de medir la longitud; y hasta logra enviar a España a maestros ingenieros y técnicos para fabricar los nuevos barcos. Jorge Juan se pasa así todo el día en los arsenales del Támesis, en Londres, al tiempo que se infiltra en la Academia de las Ciencias, donde estudia, trabaja y compra libros e instrumentos.

En el momento cumbre de su misión, cuando estaba a punto de conseguir embarcar a esposas y familias de los técnicos rumbo a España, Jorge Juan tuvo que esconderse al conocer las redadas de la policía inglesa en la ría del Támesis. Ataviado de marinero, el científico consigue finalmente viajar hasta París en junio de 1750. Dos semanas después, en Madrid, se repartía España maestros y grandes técnicos en lonas, jarcias, carpinterías, clavazones… La Royal Navy de Inglaterra temía la reconstrucción de la nueva y más grandiosa Armada española.

Estas cartas y comunicaciones que Jorge Juan hacía llegar al Marqués de la Ensenada, consejero de Estado de Fernando VI, contenían mensajes cifrados al más puro estilo James Bond para evitar que, en caso de que cayeran en manos enemigas, ya fueran francesas o inglesas, su contenido no fuera descubierto.

De estos manuscritos, poco o nada se ha sabido hasta ahora. Incluso grandes conocedores y estudiosos del legado de Jorge Juan, como el marino Julio F. Guillén Tato, solo pudieron acceder a las cartas del marino alicantino enviadas desde Londres que ya se encontraban previamente traducidas en el mismo original.

Toda esta situación, sin embargo, sufrió un giro radical con la investigación del economista alicantino Amadeo Sala. En su artículo, Sala describe las instrucciones técnicas que Jorge Juan empleaba, con un complejo libro de claves que alternaba cifras y letras para la redacción de los informes y cartas que remitía a España. De este modo, el investigador alicantino explica que estos códigos responden a dos grupos distintos de dígitos con caracteres arábigos. Una serie que se inicia con el cero (desde 01 hasta el 0200); y otra siguiendo la secuencia natural de los números (del 1 al 410).

 

Author: JuanjoPaya

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