Artículos sobre el perfil periodístico y literario de Azorín.
El metro y el bus de Madrid dedican su campaña de lectura a Azorín
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El metro y el bus de Madrid dedican su campaña de lectura a Azorín

La iniciativa «Libros a la calle» trata de acercar la literatura a los millones de usuarios del servicio de transporte público de la capital. 

Publicado el 11 de agosto del 2017. 

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La Biblioteca Nacional se suma al año Azorín
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La Biblioteca Nacional se suma al año Azorín

Trabaja en una amplia muestra bibliográfica sobre el escritor y periodista de Monóvar en un programa que, además, tiene prevista la organización de una mesa de expertos azorinianos para debatir en Madrid sobre el legado literario del autor de La voluntad.

Publicado en Información el 19 de junio del 2017. 

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Azorín en ABC (1905-1906). Notas y puntualizaciones a la guía de la obra completa de E. Inman Fox
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Azorín en ABC (1905-1906). Notas y puntualizaciones a la guía de la obra completa de E. Inman Fox

La mejor cronología disponible hoy sobre la producción periodística de José Martínez Ruiz la encuentra el lector en el libro de E. Inman Fox, Azorín: guía de la obra completa. Un trabajo que se ha sometido a revisión y objeto de estudio desde el ingreso del periodista alicantino en ABC (1 de junio de 1905) hasta finales de 1906. En este intervalo de tiempo, y por medio del análisis y la investigación con nuevas herramientas tecnológicas como la hemeroteca digital de ABC, se han detectado tres escritos inéditos y otras anotaciones erróneas con fechas equivocadas y títulos incorrectos. Además, a partir de esta selección de crónicas azorinianas en ABC, se han aprisionado los valores literarios del periodista alicantino como su inconfundible y original estilo, la sensibilidad, el paisaje, la inspiración libresca o su independencia frente al poder.

PUBLICADO EN: Nuevas aportaciones en la investigación en Humanidades. VI Jornadas de Investigación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante (Alicante, 28 y 29 de abril de 2016).

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El periodismo, oficio vertebrador en la primera obra de Azorín (1893-1898)
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El periodismo, oficio vertebrador en la primera obra de Azorín (1893-1898)

La primera obra de José Martínez Ruiz, Azorín, está cosida al oficio periodístico. De hecho, más allá de su intensa labor en los periódicos de la época, en los que colaboró y trabajó activamente, su trayectoria literaria inicial (hasta 1898) contiene numerosas anotaciones y pareceres sobre la profesión periodística que denotan un valor fundamental, un testimonio imprescindible, para reconstruir y reconsiderar su biografía.

PUBLICADO EN: La diversidad en la investigación humanística. V Jornadas de Investigación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante (Alicante, 26 y 27 de marzo de 2015).

 

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Julio Llamazares, tras la pista de Azorín
Oct17

Julio Llamazares, tras la pista de Azorín

Julio Llamazares publica El viaje de Don Quijote donde recrea, al igual que hiciera el periodista alicantino en 1905, las andanzas del eterno personaje de Cervantes

Publicado en Información el 17 de octubre del 2016

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En 1905, cuando se cumplía el tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, el periodista Ortega Munilla, padre del filósofo Ortega y Gasset y a la sazón director del periódico El Imparcial, encargó a Azorín una serie de artículos y reportajes por tierras manchegas donde persiguiera la estela del eterno personaje de Cervantes. Tras sugerirle el itinerario a seguir, abrió un cajón, sacó un revólver y lo puso en manos del periodista: «No lo extrañe usted, no sabemos lo que puede pasar. Va usted a viajar solo por campos y montañas. Y ahí tiene usted ese chisme, por lo que pueda tronar». Aquellas quince crónicas que redactó el periodista alicantino se recogerían después en un breve libro, La ruta de Don Quijote, que es ya un clásico de la literatura viajera del siglo XX. Un clásico que inspiró a Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura en el 2010, cuando leyó su discurso de ingreso en la Real Academia Española: «Es uno de los más hechiceros libros que he leído. Aunque hubiera sido el único que escribió, él solo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua».

En el 2015, dentro del cuatricentenario de la segunda parte de la novela cervantina más conocida de todos los tiempos, Julio Llamazares emprendió el mismo camino que Azorín cuando Juan Cruz, de El País, le hiciera una propuesta idéntica deparando así unos escritos que ahora, aprisionados en una exquisita edición, ven la luz bajo el título El viaje de Don Quijote (Alfaguara, 2016).

Se trata pues, El viaje de Don Quijote, de un libro que rastrea la senda quijotesca de Azorín (de hecho, arranca con el capítulo «La partida», de igual modo que el periodista alicantino titulara el suyo), donde las reminiscencias y diferencias nos asaltan. Por eso, si Azorín marchó en tren desde Madrid hasta Argamasilla del Alba, prosiguiendo su recorrido en un carro acompañado por un lugareño, Llamazares lo hace en coche retratando un paisaje y pueblo que ha transmutado, y donde los japoneses se toman fotos en la venta de Don Quijote perplejos como si las posaderas del mismísimo caballero e hidalgo hubieran descansado allí. De este modo, ante una representación que para Azorín sobrepasaría toda ciencia ficción, Llamazares transita por su parte en un mundo cambiante con un Quijote que aparece y desaparece por casi cualquier parte cuando… ¿acaso Don Quijote no fue fruto de la invención de Cervantes?

Tras la pista de Azorín, puesto que el autor de La voluntad se sirvió de la entrevista, la observación y el testimonio para reflejar los pueblos de la Mancha sumidos en la melancolía y las preocupaciones, (discusiones incluidas sobre el legado de Cervantes), Llamazares se mueve por estos mismos parajes donde todo acaba transformado en una especie de mercado del ocio y del entretenimiento en los rincones de Alcázar de San Juan, Puerto Lápice, Campos de Criptana o El Toboso.

«Todos los pueblos presumen hoy, o bien de ser el lugar del que Cervantes no quiso acordarse y en el que viviera aquél, o bien de haber sido el escenario de alguna o varias de sus aventuras, tengan o no base real para ello. En su libro, Cervantes solo cita una docena escasa de lugares, siempre con poca precisión, pese a lo cual son cientos los sitios que se consideran descritos en él y se atribuyen un protagonismo que a veces raya con lo quimérico. Otros, como Puerto Lápice, que sí aparece citado y hasta en tres ocasiones expresamente en el libro, han convertido esa deferencia en su principal activo turístico, pero a base de volverse decorados quijotescos, parques temáticos para contemplación de unos forasteros que los visitan como si fueran pequeñas Disneylandias», escribe Llamazares.

«Hasta Ruidera, la carretera se convierte ya en un camino de monte, rodeado por doquier de lentiscos y carrascas. Pronto aparece, sin embargo, a la derecha de la carretera, la primera de las lagunas que el Guadiana ha formado en su descenso y que le han dado fama al pueblo. Éste aparece también al cabo de unos kilómetros, escondido entre dos montes como un refugio de bandoleros. Quizá fue en él en el que pensó José Ortega Munilla cuando le entregó a Azorín el revólver. Pero no se necesita. Los vecinos de la Ruidera de hoy son gente abierta y hospitalaria y, como viven, además, del turismo, acogen al forastero como se debe, esto es, con restaurantes y hoteles por todas partes».

Unas veces Llamazares nos conduce por los puntos que transitó y frecuentó Azorín (como la posada de la Xantipa, hoy desaparecida); y otras, nos sumerge en la maravilla de una obra que se recrea una y otra vez sobre el clásico en su eterna vigencia.

«¿De dónde viene el error que todo el mundo repite -incluso algunos se empeñan en sostener- de decir “con la iglesia hemos topado” en lugar de “con la iglesia hemos dado”, que fue lo que le dijo don Quijote a Sancho Panza al descubrir en la oscuridad de la noche “el bulto” de la de El Toboso? La pregunta me la hago parado enfrente de ella tras llegar a la aldea en plena hora de la siesta después de recorrer los ocho kilómetros que separan Criptana de El Toboso por la misma carreterita que recorriera Azorín y posiblemente también, y más de una vez, Cervantes en sus andanzas de recaudador de impuestos; una carreterita recta en cuyo final de pronto aparece, al coronar una cuestecilla, el capitel puntiagudo de la iglesia (y sólo él durante bastante rato) frente a la que don Quijote pronunció su frase más repetida y, a la vez, más tergiversada: “Con la iglesia hemos dado, Sancho”».

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Traductores de todo el mundo analizan la obra de Gabriel Miró y Azorín
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Traductores de todo el mundo analizan la obra de Gabriel Miró y Azorín

El libro, editado por la Universidad de Alicante y coordinado por el profesor Fernando Navarro Domínguez, aborda las versiones en inglés, ruso, alemán, francés, checo, holandés o rumano de los escritores alicantinos.

Publicado en Información el 4 de abril del 2016

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9788497174107Azorín y Miró en traducción, dirigida y coordinada por el profesor Fernando Navarro, es un libro editado por la Universidad de Alicante que recoge hasta veinte artículos de crítica literaria y traducción que combina (y aquí radica uno de sus rasgos primordiales) profesores de universidades españolas –Alicante, Complutense de Madrid, Valencia, Málaga– junto a otros profesores europeos –París, Praga o Innsbruck– cuya lengua materna es la lengua a la que se ha traducido la obra: inglés, francés, alemán, checo, ruso, neerlandés y rumano. Una diversidad de nacionalidades de autores y enfoques metodológicos que es, por tanto, una de las características más sobresalientes del libro.

La obra del Servicio de Publicaciones de la UA aborda también cuatro artículos de los mismos traductores cuyas obras se valoran en este volumen. Se trata de profesionales de la traducción de Estados Unidos (W. Borenstein), Filipinas (M. J. Sales), Francia (Ch. Manso) y Rumanía (D. Lincu). Una experiencia y testimonio personal de estos expertos literarios que contribuye a ampliar todavía más el campo de visión respecto a las traducciones internacionales sobre los escritores alicantinos Gabriel Miró y Azorín.

«Desgraciadamente no es práctica corriente pedir la opinión del traductor, si vive, en las contribuciones de crítica de traducciones. Sin embargo, en mi opinión, es muy importante», afirma Fernando Navarro, profesor de la UA y coordinador del volumen, quien añade que «hay obras (de Gabriel Miró y Azorín) que tuvieron más éxito que otras en traducción y nuestros escritores fueron conocidos por alguna de sus obras y no por otras en varios países europeos. El hecho que unas obras hayan sido más traducidas que otras nos permite ofrecer en este trabajo varias contribuciones sobre una misma obra.

Así, por ejemplo, La ruta de Don Quijote de Azorín es comentada en tres lenguas: francés, neerlandés y ruso, y en francés en dos traducciones diferentes. Lo mismo sucede con Las cerezas del cementerio (francés y rumano), El obispo leproso (inglés y francés) o Las Figuras de la Pasión de Nuestro Señor (inglés y checo). También es un hecho conocido que las obras de Azorín han sido más traducidas que las obras de Miró».

La introducción, además, está realizada por Miguel Ángel Lozano, catedrático de Literatura española de la UA, y quien más conoce y sabe sobre los legados literarios de Gabriel Miró y Azorín. En este estudio inicial, que viene a ser una presentación sobre ambos escritores, y su huella permanente en la literatura, nos quedamos con sus últimas palabras cuando dice: «Azorín tiende a lo escueto, a lo desornamentado, buscando una perfección casi ascética en el desasimiento; Miró construye una prosa carnal, plena de sensualidad, más en consonancia con nuestros sentidos y nuestras pasiones. Ambos vienen a ser figuras centrales en una época literaria que hemos de seguir repensando y a la que conviene, más que ningún otro, el nombre de Modernismo».

Además, el libro dirigido por Fernando Ramos se nutre de las traducciones de Azorín que se conservan en su Casa Museo de Monóvar (desde que, en 1989, la Fundación Caja Mediterráneo adquiriera los derechos de autor e imagen del escritor monovero), en un artículo realizado por José Payá Bernabé y el profesor Iván Martínez Blasco; por otra parte, respecto a Miró, el mismo escrito corre a cargo de Yolanda de San Rafael Sánchez Mateo, directora de la Biblioteca Gabriel Miró de la Fundación Caja Mediterráneo.

Azorín y Miró en traducción hace además justicia respecto a aquellas traducciones que no se ajustaban a la calidad de la prosa de los escritores alicantinos, y hace un amplio repaso por cuantas traducciones existen hasta hoy sobre el autor de La voluntad y El obispo leproso, como en japonés, sueco, italiano, noruego, serbio o chino mandarín.

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