Artículos sobre el perfil periodístico y literario de Azorín.
Azorín y Elia Barceló, la mejor ciencia ficción
Oct27

Azorín y Elia Barceló, la mejor ciencia ficción

Los críticos y expertos Julián Díez y Fernando Ángel Moreno incluyen a los escritores alicantinos Elia Barceló y Azorín en una historia y antología de los autores españoles más representativos sobre el género fantástico

Publicado en Información el 27 de octubre del 2014

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En contra de lo que podamos pensar, la ciencia ficción es un género narrativo muy antiguo. De hecho, parte de la crítica contemporánea lo remonta al principio de los tiempos, porque fue el primero en reflejar un nuevo mundo.

El término de ciencia ficción, tal y como lo conocemos hoy, fue acuñado por Hugo Gernsback, en 1920. Este emigrante de origen luxemburgués, director de la primera publicación estadounidense especializada en el género, Amazing Stories, lo hizo bajo unos parámetros exclusivamente comerciales, que nada tienen que ver por cuánto y cómo ha evolucionado.

Así, la ciencia ficción es uno de los géneros más influyentes en la cultura del siglo XX y lo que llevamos del XXI, casi imposible de definir con precisión y encasillar debido a sus docenas de variantes: relatos con mutantes; postapocalípticos; anacrónicos (un western con pistolas de rayos láser, pongamos como ejemplo); visionarios (1984, de George Orwell); futuristas (Un mundo feliz, de Aldous Huxley) o hasta imaginativos pero que acontecen en un reciente espacio temporal (Parque Jurásico, de Michael Crichton).

La lista podría ampliarse y completar cientos de páginas, aunque los críticos y expertos Julián Díez y Fernando Ángel Moreno abogan por una postura y teoría común: un relato de ciencia ficción muestra uno o varios elementos que se escapan a nuestra realidad, y siendo imposibles en el mundo real, los aceptamos con verosimilitud científica en el escenario de la obra.

Eso viene a decirnos estos profesores solo en una pequeña porción de su extenso ensayo introductorio en la obra Historia y antología de la ciencia ficción española (Cátedra), de reciente publicación, y que ha seleccionado a los escritores alicantinos Azorín y Elia Barceló como algunos de los autores más representativos del género fantástico en España.

Quizás, del periodista y articulista monovero, la sorpresa es mayor aún si cabe. Referente y creador de la Generación del 98, paisajista, maestro del estilo y la prosa lacónica y sencilla, Azorín fue un escritor inquieto que, en sus experimentos, se acercó en muchas ocasiones a desarrollos propios de la literatura fantástica. Además, los críticos Julián Díez y Fernando Ángel Moreno destacan ensoñaciones de Martínez Ruiz en obras a priori tan realistas como Castilla (1912), con relatos ucrónicos como «Las nubes» en su aproximación a La Celestina.

«El fin del mundo» (1901) es el artículo elegido para la ocasión, una viñeta crepuscular, con evidentes influencias de Shopenhauer y Nietzsche, reflejo de la angustia interior que sufría el escritor por aquel tiempo.

«La especie humana perecía. Miles de siglos antes de que extinto el Sol, congelado el planeta, fuese la Tierra inhabitable, ya el hombre, nostálgico de reposo perenne en este perenne flujo y reflujo de la substancia universal, había acabado. La Tierra estaba desierta. Los hombres eran muertos. Poco a poco los mató el hastío de las bienandanzas que la ciencia, la industria y el arte realizaron al trocar en realidad presente el ensueño de pensadores prehistóricos», escribe Martínez Ruiz.

La escritora eldense Elia Barceló es la otra «gran» autora. Y el entrecomillado no es casual, ya que pese a su impecable trayectoria y el éxito de sus relatos, su reconocimiento sigue siendo escaso en España. Barceló vive en Innsbruck (Austria) y su trabajo se publica regularmente en alemán. El cuento adjunto en la antología es «Mil euros por tu vida» (2008), de lectura fugaz y cuya historia y mensaje entra por intravenosa.

Curiosamente editado en España por medio de una colección juvenil, Futuros peligrosos, el relato (que es más bien de corte adulto) fue adaptado al cine en el 2010 por Damir Lukacevic con el título de Transfer, y ganó numerosos premios en distintos festivales.

«Mil euros por tu vida» es, según los expertos Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, una muestra de las preocupaciones de la autora de Elda por temas sociales y, por así decirlo, «prospectivos».

«Los denominadores comunes de su producción, eso sí, están en la sensibilidad sin sensiblerías y la vocación de estilo aupada por su dominio del lenguaje», explican.

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Azorín, y las amistades peligrosas
Ago19

Azorín, y las amistades peligrosas

Efemérides literarias. Numerosas actividades vienen a conmemorar en España el 75 y 30 aniversario, respectivamente, del fallecimiento de Miguel Unamuno y Josep Pla, figuras y referentes indiscutibles de nuestra literatura. Autores consagrados que, a su vez, estuvieron en contacto con intelectuales alicantinos como Rafael Altamira, Gabriel Miró o Azorín, intercambiando ideas, estilos, halagos e incluso críticas. “Unamuno es una nebulosa que no domina el castellano”, dijo el escritor de Monóvar, antes de cooperar juntos en una campaña contra la prostitución y el juego en Málaga.

Publicado en Información el 28 de febrero del 2011

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La literatura es como un juego que representa la vida. Y si la amistad es un valor muy apreciado entre los escritores, un mal libro, por muy buena que sea la relación entre ambos, puede resquebrajar en un santiamén la camaradería y simpatía con que se correspondían.

Un ejemplo. Miguel de Unamuno, escritor del que se cumple el 75 aniversario de su fallecimiento, mantuvo una intensa relación epistolar con Azorín. Ambos se elogiaron mutuamente, cooperaron en distintas campañas (los dos se opusieron a la sentencia del periodista Luis de Sirval, fusilado a raíz de los sucesos de Oviedo en 1934) y colaboraron activamente en la prensa escrita.

Pero eso no quita que, sin embargo, se lancen dardos venenosos cuando asumen el papel de crítico por las novelas que saltan al mercado. No existen pues amiguismos que valgan, y Azorín, cuando revisa la obra Paz en la Guerra del Rector de Salamanca, escribe de éste: “Unamuno es una nebulosa que no domina aún el castellano”. Duro juicio que, posteriormente, Unamuno acata en su Diario íntimo con estas palabras: “¡Qué razón tenía Azorín cuando me dijo que no sabía por dónde andaba!”.

Pero la amistad literaria es un valor que, normalmente, siempre prevalece. Por eso Azorín y Unamuno conservaron su buen compañerismo hasta sus últimos días como escritores, quedando para la historia capítulos como la defensa de Azorín en el Congreso con motivo de la destitución de Unamuno de su puesto de Rector de Salamanca o por lo injusto de su destierro por Primo de Rivera.

El escritor y politólogo alicantino José Ferrándiz, autor de Azorín, cronista parlamentario, señala en este sentido que “la relación de Azorín y Unamuno fue larga, directa y muy buena. Cabe recordar que, en 1906, se estaba debatiendo en el Congreso la ley de jurisdicciones, en donde las opiniones sobre símbolos del Estado y del ejército iban a juzgarse por tribunales militares. Azorín y Unamuno fueron dos de los representantes intelectuales que se oponían a esa ley, porque entendían que reducía la libertad de expresión. Azorín fue entonces el organizador de una conferencia en el teatro de la Zarzuela, que pronunció Unamuno en contra de esa ley. Tuvo tal afluencia de público que no cabía toda la gente que asistió”.

En diciembre de 1941, tras el oscuro exilio sufrido por Azorín, éste vuelve a su actividad en los periódicos, y escribe en INFORMACIÓN una nueva defensa de Unamuno, que suena más bien a despedida después de la muerte del Rector de Salamanca unos años atrás. Y escribe: “Lucha Unamuno contra la rigidez del castellano y lucha también en la región de las ideas. Si tuviéramos que definir la personalidad de Unamuno, diríamos: un hombre contra algo”.

El profesor alicantino Rafael Altamira fue otro de los intelectuales que mayor amistad compartió con Unamuno. Ambos coincidieron en el Regeneracionismo, e intercambiaron impresiones en sus cartas sobre su visión del nacionalismo español.

El catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante Miguel Ángel Lozano destaca, por su parte, la admiración que despertaba las obras de Gabriel Miró en Unamuno. “Se apreciaban mucho. Y a Unanumo le gustaba tanto el libro Figuras de la Pasión del Señor que se lo leía a un amigo ciego que tenía, Cándido Pinilla. Esto lo recordaba mucho Gabriel Miró, era algo por lo que se sentía muy satisfecho”.

Unamuno citó al alicantino Gabriel Miró como “uno de los mejores, de los más claros de alma, de los más buenos, porque su inteligencia era la forma suprema de su bondad”. Así lo dejó escrito en el telegrama que envió a su viuda a la muerte de Miró.
También en este 2011 se cumple el 30 aniversario de la muerte del articulista y escritor catalán Josep Pla. Las librerías se llenan ahora de sus libros y, en ellos, vuelven a encontrarse sus numerosas alusiones a algunos de los autores que más admiró, como Azorín.

“La vida de Azorín y Josep Pla tiene similitudes. Los dos se dedicaron por mantenimiento vital al Periodismo y fueron valorados muy positivamente. Y dentro de esta área, dio la casualidad que los dos fueron cronistas parlamentarios en épocas distintas. Azorín lo fue en la Restauración y Josep Pla lo fue en la República”, apunta el investigador José Ferrándiz.

Cabe destacar también el estilo con que ambos periodistas se entregaban a su actividad, el articulismo y la crónica, puesto que Pla buscaba un lenguaje sencillo, transparente, por lo que las afinidades estéticas de ambos escritores coincidían.

El escritor José Ferrándiz cuenta que “cuando Rafael Azuar (autor nacido en Elche) escribió su novela Modorra, con la que ganó el premio de novela “Café de Gijón”, éste recibió una carta de Josep Pla en la que le hablaba del libro y, a su vez, le felicitaba. Pero añadía además esta otra alusión: “Desde el punto de vista del paisaje, su libro me ha parecido más profundo que la literatura levantina de Azorín, que tiende demasiado el cromo y al lugar común””.

Vuelve así a demostrarse que, por mucho que sea la admiración de un escritor a otro (Pla reconocía abiertamente su simpatía por Azorín), las críticas siempre son dañinas, el oficio es el oficio, y es entonces cuando las amistades se vuelven peligrosas.

 

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Azorín en la Gran Guerra
Ago11

Azorín en la Gran Guerra

Fue el primer periodista español que tuvo acceso a los campamentos militares de Estados Unidos en Europa, en el frente francés hace un siglo. Reconocido francófilo, vaticinó un nuevo orden mundial tras el conflicto bélico

Publicado en Información el 10 de agosto del 2014

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Europa llevaba cuatro años en llamas, en la Gran Guerra, también conocida como la I Guerra Mundial (1914), cuando Azorín emprende un viaje a la Francia bélica para conocer de primera mano qué estaba ocurriendo en el territorio vecino.

De tal modo, en 1918, el escritor alicantino obtiene un permiso especial para atravesar la frontera y se convierte así en el primer periodista español que tiene acceso a los campamentos militares de Estados Unidos en Europa. Su deseo: «Dar una versión directa, sobria y fiel de las cosas».

Desde el hotel Majestic de París, donde fija su residencia, Azorín es testigo de una Europa que lucha a vida o muerte, con más de ocho millones de muertos y desaparecidos; 20 millones de heridos; y una población civil al borde de la desesperación a consecuencia del bloqueo y del hambre.

Alemania lanza una fuerte ofensiva, bombardea París, mientras el frente francés, agónico, sobrevive y contraataca gracias a la intervención de Estados Unidos en la contienda. Y España, por su parte, mantiene una supuesta neutralidad, escorada hacia Alemania, cuando intelectuales y políticos mantienen una discusión abierta sobre lo que le conviene al país: si francófila o germanófila.

Así, en este contexto, Azorín recibe una invitación del ejército norteamericano para entrevistarse con el comandante y ver, en primera persona, el desarrollo de la guerra:

«Los Estados Unidos desembarcan sus tropas y su material de guerra y provisiones en cuatro puertos (…). Todas las semanas llega, matemáticamente, indefectiblemente, un número crecidísimo de soldados. Dentro de poco habrá en Francia uno de los más poderosos ejércitos que ha visto la humanidad. Todo está ya regularizado: el desembarco, el descanso, la marcha hacia el frente (…)», señala Azorín, quien agrega en otro artículo: «En España, ni los gobernantes, ni, en general, la opinión, se han percatado de que el mundo ha entrado en una nueva era. Las armas aliadas, con el auxilio poderosísimo de Norteamérica, vencerán en los campos de batalla. Tras la guerra, el sentido, la orientación, las tendencias de los norteamericanos predominarán el mundo», afirma el periodista alicantino en este escrito insertado en la obra Los norteamericanos, editado por su biógrafo Ángel Cruz Rueda para las Obras Completas de 1947, aunque otros tantos artículos azorinianos sobre la I Guerra Mundial quedan esparcidos en otros libros como París, bombardeado, Entre España y Francia (Páginas de un francófilo), Españoles en París y Con bandera de Francia.

El periodista alicantino, en su oficio de guerra, sufrió ciertas adversidades. Primero, tuvo que lidiar con compañeros de generación, como Miguel de Unamuno, que le acusaron sin ambages de recibir dinero a cambio de su campaña a favor de los aliados: «¿Cuánto le darán a Azorín los norteamericanos por estos artículos?», se cuestiona el autor de Niebla. Y segundo, quedaba el reto de imponer su criterio y opinión, la de Azorín, sobre un ABC germanófilo, que le acarreó algún disgusto con el propietario del medio, Torcuato Luca de Tena, quien tuvo que finalmente ceder ante el prestigio de la firma de Azorín en París y los favores políticos que le debía ante la mediación del alicantino con Antonio Maura, en la presidencia del Gobierno.

«Sus artículos (los de Azorín en la Gran Guerra) fueron, si se quiere, una provocación pero también de una clarividencia inusitada», afirma Laureano Robles, experto azorinista y autor de un amplio número de artículos de referencia en el estudio del periodista alicantino.

De hecho, las palabras de Azorín, 100 añ0s después, nos dan una idea de lo esclarecedoras que fueron: «Mi impresión, sin titubeos ni atenuaciones, es que Alemania tiene perdida la guerra. La guerra la van a decidir los Estados Unidos… Los Estados Unidos van a poner de manifiesto que son hoy el primer poder militar del mundo (…). Lo que está en juego en esta guerra es el concepto de sociedad y libertad. Estamos entrando en el umbral de una nueva era…».

Cabe recordar que la I Guerra Mundial fue, además del primer gran conflicto bélico, la primera guerra de masas en la que Estado, ejército y medios de comunicación andaban unidos los unos a los otros. De ahí que el periódico, la letra impresa, cobrase una importancia capital como la radio lo fue en la II Guerra Mundial y las nuevas tecnologías o Internet lo son hoy.

Azorín, declarado francófilo (desde sus inicios literarios), tampoco vivió indemne a este ambiente propagandístico, como apunta el profesor alicantino José Ferrándiz Lozano, aunque sus páginas, eso sí, nos remitan a hechos en constante revisión y de candente actualidad.

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Azorín, y la inspiración libresca
Ago01

Azorín, y la inspiración libresca

Una nueva antología azoriniana, con prólogo de Andrés Trapiello e introducción del historiador valenciano Francisco Fuster,  incluye 50 artículos periodísticos sobre su amor a los libros y su afición a la lectura. El periodista y escritor alicantino fue el mayor crítico literario de su tiempo

Publicado en Información el 14 de febrero del 2014

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Azorín fue siempre un apasionado por los libros heteróclitos; por los de gran y pequeño formato; por las bibliotecas y las librerías de lance; y quien se acerque a su obra, primera o última, se percatará de la inspiración libresca, levadura y verdadera materia de los miles de artículos de su producción periodística.

Azorín escudriñaba, rastreaba y tomaba constantes notas en sus lecturas, y no tenía ningún inconveniente en acudir a la fuente original con tal de andar siempre bien documentado. De hecho, cuando el padre de Ortega y Gasset le encargó la serie de reportajes sobre La ruta de Don Quijote, en 1905, para el diario El Imparcial, José Martínez Ruiz cita en varias ocasiones las Relaciones topográficas de los pueblos españoles, un estudio comisionado por Felipe II en 1575. Nada fuera de lo común si no fuera porque, por entonces, las Relaciones topográficas estaban inéditas y solo se hallaban disponibles (el manuscrito original, de ocho tomos) en la Biblioteca de El Escorial y una copia en la Academia de la Historia.

«Escribir y leer son cosas terribles. Y mucho más pensar», nos dice en su libro de memorias Madrid. Azorín fue también quien rescató y nos redescubrió a los clásicos, permitiéndonos reconocer como algo próximo al Mío Cid y Berceo; Garcilaso y Larra; Rivas o Castelar. Porque, como afirma el profesor Miguel Ángel Lozano, de la Universidad de Alicante, «desde su primer texto de entidad, La crítica literaria en España (conferencia pronunciada en el Ateneo Literario de Valencia en 1893), hasta su último libro, Ejercicios del castellano (1960), la vocación sobresaliente de Martínez Ruiz es la de crítico, entendida esta figura con una altura y dimensión que faltaba en España».

Andrés Trapiello, referente de nuestra literatura actual, agrega: «No ha habido en todo el siglo XX un crítico tan fino como él, si entendemos por crítico aquel que va prendiendo en los lectores la curiosidad y el entusiasmo».
De todo esto, y mucho más, viene a reflexionar la obra de reciente publicación, Libros, buquinistas y bibliotecas. Crónicas de un transeúnte: Madrid-París (Editorial Fórcola), que con prólogo de Andrés Trapiello, y edición a cargo del historiador valenciano Francisco Fuster, registra 50 pequeños ensayos de Azorín sobre su amor a los libros y su afición a la lectura.

Una pasión, decíamos, que surge en el escritor y periodista de Monóvar a una temprana edad, ante el espejo de su padre, lector voraz y abogado; su formación en el internado de los Escolapios en Yecla; sus estudios de Derecho en Valencia (donde era un mediocre estudiante, hasta el extremo que no llegó a finalizar la carrera) aunque sus artículos en la prensa valenciana, como los de El Mercantil Valenciano, despertaban la admiración del profesorado; y su posterior salto a Madrid, en la capital, donde encuentra serias dificultades para hacerse con un hueco en la prensa.

Adversidades, también económicas, que no lograron alejar a Azorín de sus anhelados libros, tal y como refleja el historiador Francisco Fuster en su excelente introducción a la nueva antología azoriniana: «Como recordó en varios pasajes de sus libros memorialísticos, los primeros pasos en el oficio fueron bastante duros, pues a la dificultad -o más bien, la imposibilidad- de conseguir que los periódicos pagaran sus colaboraciones, se añadía la de tener que administrar los escasos ingresos con los que contaba. Así lo explica en dos entradas de ese diario ficticio en las que confiesa cómo, en los que tuvo que renunciar a casi todo, no se pudo privar de la compañía de un libro».

Escribe Azorín a finales del XIX, recién llegado a Madrid: «12 de marzo. Como allí (en los periódicos) no me dan nada, y además, lo poco que, a fuerza de mil penalidades, me manda mi pobre madre he tenido que gastarlo casi todo en pagar este cuartejo que habito y en comprarme alguna ropa… no me quedan más de quince pesetas para mantenerme durante treinta días. Por lo pronto, lo que voy a hacer es no gastarme un céntimo en nada… ni periódicos, ni revistas, ni libros. Ya sé que esto me será un poco difícil, porque yo soy capaz de quedarme sin comer por comprar un volumen nuevo, pero quitaré la ocasión, es decir, no pasaré por las librerías ni llevaré cuantioso caudal en el bolsillo».

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Sexo y erotismo en Azorín
Jul28

Sexo y erotismo en Azorín

El ilicitano Jordi Bermejo, autor de una tesis doctoral sobre los personajes femeninos en las novelas del escritor alicantino, desmiente que el legado azoriniano sea uno de los más castos de toda la literatura española en el tratamiento de la mujer. (FOTO: ANTONIO AMORÓS) 

Publicado en Información, el 2 de febrero de 2014

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Jordi Bermejo tesis sobre Azorin,ELCHE.Foto:Antonio Amorós.

Ante las versiones costumbristas que catalogaban los personajes femeninos de Azorín como «asexuales, discretas y románticas»; o contra quienes defendían la postura de si Azorín padecía un complejo de Edipo no superado (de ahí su supuesta «incapacidad de integración copular», el apego a su madre y la inspiración de las mujeres en su literatura), el ilicitano Jordi Bermejo, autor de una tesis doctoral presentada recientemente en la Universidad de Alicante y bajo la coordinación del catedrático Miguel Ángel Lozano, sentencia: «En Azorín, dista mucho de ser casto el tratamiento de la mujer, el amor y el matrimonio», y añade: «Una vez nos sumergimos en el mar de la novela azoriniana, es imposible admitir que sus personajes femeninos respondan a un catálogo fijo y especialmente a un único tipo idealizado, asexuado y de alusiones maternales. Dar por sentada esta cuestión implicaría obviar toda la evolución estética de su novela».

Bermejo, que ha dedicado los últimos cinco años de su vida al estudio y análisis de los personajes femeninos en las novelas de Azorín (un trabajo encomiable si atendemos al amplísimo legado azoriniano), recuerda los comentarios de Pérez de Ayala a propósito de las novelas Don Juan y Doña Inés del periodista de Monóvar, cuando afirmaba que eran «sutiles, penetrantes, auténticas y genuinamente eróticas». Un erotismo no basado en aventuras y enredos pero en el que «se siente continua e intensamente “la pura emoción del amor” y Eros, el amor mismo, es el absoluto protagonista». «Pérez de Ayala captó el espíritu de la nueva novela que pretendía Azorín, y cómo la evocación y el lirismo emanados de ella contagian el tratamiento de lo erótico, lo amoroso y la mujer», afirma.

Lo cierto es que si el lector atiende a la etapa anarquista de Azorín, cuando en muchos de sus primeros artículos defiende abiertamente el divorcio, las ventajas del amor libre o la independencia de la mujer, las visiones «estigmatizadas» de su literatura (del amor, el sexo o el erotismo) caen por su propio peso. Entre otras cosas porque conceptos como lo erótico y lo pornográfico, como entidades culturales, cambian y permutan a través del tiempo, de tal modo que el público hoy «encontraría bastante ingenuas obras que a finales del siglo XIX, por ejemplo, se calificaban de eróticas y pornográficas».

Por ello, ante la cuestión de si Azorín deparó una de las literaturas más castas de las letras españolas, Jordi Bermejo se muestra tajante: «No estoy de acuerdo con afirmaciones de este tipo, las cuales han surgido a partir de trabajos centrados exclusivamente en aspectos biográficos o, incluso, pretendidamente psicoanalíticos, como el supuesto complejo de Edipo. Porque cuando prescindimos de estas ideas preconcebidas y nos acercamos a su obra y en concreto a la novela comprobamos que no es así», y agrega: «Desde luego, no creo que Azorín sea más casto que Miguel de Unamuno o Pío Baroja. Esta cuestión ya la abordó en 1959 Segundo Serrano Poncela en un artículo titulado Eros y tres misóginos en el que estudiaba el componente erótico en estos tres autores. Para Serrano Poncela, no es que la mujer y el amor quedaran fuera de su órbita literaria, sino que eran “problemas de segundo grado”;  simples complementos para otras incursiones reflexivas».

De cualquier modo, es indudable la presencia de lo femenino en el legado azoriniano, y una prueba clara de ello son las tres novelas que se construyen bajo el protagonismo absoluto de una mujer: Doña Inés (1925), María Fontán (1944) y Salvadora de Olbena (1944). «A mí lo que me interesaba era estudiar las mujeres entendiéndolas en todo momento como personajes literarios y atendiendo a la evolución del discurso novelístico de Azorín. Un discurso que está marcado por la intención de crear una novela en incesable proceso de mutación y experimentación. Según mi punto de vista, sus mujeres son un reflejo claro de dicha evolución novelística. Sus mujeres son una prueba fidedigna del inagotable proceso de regeneración y cambio que experimenta su novela a lo largo de más de cuatro décadas», apunta Bermejo.

Doña Julia, la mujer de Azorín, la compañera, confidente y esposa que acompañó al escritor en casi toda su carrera literaria, también ocupa un espacio importante entre los personajes femeninos de su trayectoria literaria, en los habituales paralelismos de vida y obra de los escritores:

«En El escritor y El enfermo, los dos personajes femeninos que adquieren un verdadero desarrollo son las respectivas esposas de los escritores protagonistas: Magdalena y Enriqueta. A través de dichas mujeres, Azorín describe un matrimonio equilibrado y sereno en el que hombre y mujer se complementan y el artista halla así consuelo y estímulo en su creación literaria; una visión que no concuerda desde luego con la interpretación “negativa” del matrimonio que se aprecia en sus primeras novelas, como sucedería en el caso de Iluminada en La voluntad. Pero volviendo a Magdalena y Enriqueta, las cuales representan dos etapas vitales distintas (juventud y vejez), Azorín rinde a través de ellas un sentido homenaje a su compañera Julia Guinda, quien durante tantos años había alentado y cuidado su carrera literaria».

La sexualidad, el erotismo o el amor en Azorín (como en otros escritores) siempre han despertado la curiosidad de lectores, académicos y estudiosos. Sobre el periodista alicantino, en estos casos viene a la mente la visita de Mario Vargas Llosa a Monóvar, en 1993 y en su casa-museo, cuando el premio Nobel de Literatura escudriñaba libros entre los miles de ejemplares de su biblioteca. Hacía un calor sofocante, y aunque sus acompañantes (biógrafos incluidos) parecían caer desfallecidos, Vargas Llosa tomaba notas y solicitaba libros y más libros. Si por el peruano fuera, hubiera solicitado hasta sus huesos para coleccionarlos. Porque lo suyo era puro y sencillo fetichismo literario. Pero allí, decíamos, plantado ante todos, Vargas Llosa soltó la pregunta bomba ante personal y especialistas: «¿Pero por qué Azorín no tuvo hijos?». Y solo algunos opinaron.

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Marino Gómez Santos: sobre el paraguas rojo de Azorín
Dic05

Marino Gómez Santos: sobre el paraguas rojo de Azorín

Marino Gómez Santos, Premio Nacional de Literatura, centra su ponencia en el III Congreso Internacional del periodista alicantino sobre el supuesto símbolo anarquista del autor de Castilla, defendido y desmentido por críticos de uno u otro bando. (FOTO: CRISTINA DE MIDDEL)

Publicado en Información de Alicante el lunes 14 de octubre del 2013

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Ante las versiones de si Azorín fue un escritor conservador, moderado, «chaquetero a bien de todos», que dijo Francisco Umbral, lo cierto es que el periodista alicantino atravesó una profunda etapa de anarquismo literario, antes y después de 1898, que le acarreó diversos problemas. Entre ellos, su expulsión y despido del diario El País, dirigido por el siempre controvertido personaje Alejandro Lerroux, debido a sus artículos incendiarios contra el matrimonio, la patria, la iglesia y la clase política.

Era el Azorín de monóculo, capa y paraguas rojo, supuesto símbolo de su extremismo e inconformismo político, «con el que se paseaba para provocar a los burgueses y a los escritores famosos apoltronados en los cafés de la calle Alcalá», según esgrime el articulista valenciano Manuel Vicent.

Sea como fuere, desde entonces, estudiosos de uno u otro bando han aportado su opinión sobre el asunto, y precisamente de este marco parte la próxima ponencia del ovetense Marino Gómez Santos, Premio Nacional de Literatura, en el III Congreso Internacional de Azorín que se celebra en Monóvar (organizado por la Obra Social CAM, la Diputación de Alicante y el Ayuntamiento de la localidad, en colaboración con la Universidad de Alicante y el Cefire de Elda).

Según Gómez Santos, lo del paraguas rojos no es más que una leyenda, una anécdota sin importancia y validez. «Con todo, voy a presentar una serie de documentos que desmienten el uso de este famoso paraguas rojo de Azorín, que se ha llegado a convertir en un tópico, pero que no existió», asegura este investigador quien trató personalmente con Azorín, acompañándole al cine y al teatro, siendo además autor de una extensa obra con biografías imprescindibles sobre algunos de los intelectuales españoles más destacados como Gregorio Marañón, Pío Baroja o Severo Ochoa.

«Azorín enseñó a escribir a toda una generación, a todos. A los que le admiramos y a los que no lo hacen. Lo suyo fue un cambio radical en el párrafo español. El castellano termina siempre haciendo colas de pescado, y Azorín era la concisión», agrega Marino Gómez Santos, quien elogia muy especialmente el perfil periodístico de José Martínez Ruiz: «Me gusta sobre todo el Azorín periodista fundido a escritor, como en La ruta de Don Quijote. Es una delicia, son las crónicas para El Imparcial, que demuestran que un periodismo bien escrito se transforma en género literario. Porque el periodismo bien hecho permanece, mientras que el resto, el de aquí y ahora, sirve para hoy y al día siguiente está muerto».

ARANJUEZ
El III Congreso Internacional de Azorín, que tiene lugar hasta el próximo 18 de octubre, parte en esta edición del centenario del Homenaje en Aranjuez, con la que intelectuales como Ortega y Gasset o Juan Ramón Jiménez reivindicaron un puesto para Azorín en la Real Academia Española, en noviembre de 1913, tras negarle el acceso y facilitárselo a otro autor de dudoso talento literario.

«Juan Navarro Reverter era ingeniero de montes, literato y como político, senador vitalicio, ministro de Hacienda, de Estado y Presidente del Consejo de Estado. Por tanto, un personaje muy influyente. La influencia es fundamental para el ingreso en las Reales Academias, mucho más que la importancia de la obra publicada como novelista, poeta o periodista. En aquel momento, Azorín no podía competir con la fuerza que la política favorecía a Navarro Reverter, puesto que en el ingreso en las Reales Academias prima muchas veces la política. No obstante, los intelectuales, en desagravio, organizaron el Homenaje a Azorín en los Jardines de Aranjuez, con Ortega y Juan Ramón Jiménez al frente. Hubo de pasar una década para que Azorín sucediera a Navarro Reverter en la RAE. Por la puerta de la Academia no alcanzan la posteridad los grandes escritores. Son muchos los nombres de académicos que no trascienden de las páginas de sus Anuarios. Y sin embargo, han sido desestimados como miembros de la RAE Samaniego, Moratín, el Padre Isla, Estébanez Calderón, Espronceda, Larra, Bécquer, Leopoldo Alas, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Julio Camba, el alicantino Gabriel Miró,que motivaría que Azorín no volviera a la Academia Ramón Gómez de la Serna y Federico García Lorca, entro otros», apunta.

Bajo la dirección científica del profesor Miguel Ángel Lozano, de la Universidad de Alicante, estas jornadas azorinianas resaltan además por otras intervenciones como las de Soledad Puértolas (de la Real Academia Española); Paül Limorti, (Azorín vist per Joan Fuster); José Ferrándiz Lozano (Tierra, muertos y Generación del 98: remedios para una teoría nacionalista); Dolores Thion Soriano-Mollá, de la Universidad de Pau; o Christian Manso, medalla honorífica de Azorín. También está prevista la presentación del libro Ante Baroja, del investigador Francisco Fuster; y una comida-tertulia moderada por José Luis Lindo, cronista oficial de Aranjuez.

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