Agustín Galiana: entre Roldán y Paesa
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Agustín Galiana: entre Roldán y Paesa

El actor alicantino Agustín Galiana trabaja con Alberto Rodríguez (10 premios Goya con La isla mínima) en su último filme, El hombre de las mil caras, donde retrata la corrupción española de los 90.

Publicado en Información el 3 de agosto del 2015

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A Agustín Galiana le sonríe la vida. Llegó casi con lo puesto a París, buscando salidas profesionales, y de un tiempo a esta parte, apenas sin percatarse, anda en lo más alto del cine y las series de televisión. Ahora con Alberto Rodríguez, el afamado director que logró nada menos que 10 premios Goya con La isla mínima; pero también está inmerso en un nuevo proyecto de ficción para la pequeña pantalla con Victoria Abril, que atrapa en la pantalla a millones de espectadores franceses cada semana; y todo eso, sin olvidar su paso reciente por Chefs, del reconocido Clovis Cornillac. ¿Suerte o talento? Trabajo.

El actor alicantino, y concretamente de La Vila Joiosa, reside en París desde hace años y donde precisamente se trasladó el equipo de Alberto Rodríguez hace una semana para el rodaje de su nueva película, El hombre de las mil caras, donde retrata la corrupción española por medio de los casos de Roldán y Francisco Paesa. El filme, con un presupuesto de algo menos de cinco millones de euros, se mueve entre Madrid, Singapur, Ginebra, Bangkok y la capital francesa, y su estreno está previsto para otoño del 2016.

Agustín Galiana se entera de la convocatoria del casting para la cinta de Alberto Rodríguez y acude para allí. Sale sin grandes sensaciones, con un sinsabor de no haberlo dado todo, con más decepción y frustración que otra cosa. Está casi convencido que no le llamarán. Pero suena el teléfono y le anuncian que es el elegido. «Casi no me lo podía creer», cuenta.

El alicantino ejerce de enlace en algunas secuencias de espías, donde interviene José Coronado como asistente de Paesa. «Fue una pasada trabajar con él. Todo con naturalidad y mucha cercanía, como la de Alberto Rodríguez cuando nos explicaba y corregía», señala Galiana, encantado por la labor de dirección de actores que también ejerce Rodríguez. «Me gustan los realizadores que no solo se encargan de dirigir planos y también dirigen actores», detalla.

Corre el verano de 1994 y Roldán, director de la Guardia Civil española hasta descubrirse que chapoteaba en los lodos de la corrupción, baja de un coche donde le acompaña Francisco Paesa, peculiar personaje encargado de esconderle en París. Roldán aún no sabe que Paesa le traicionará al estafarle con 10 millones de euros y pactar su entrega al Gobierno socialista de Felipe González (en la cuerda floja por entonces debido a numerosos casos de corrupción) previo pago de casi dos millones de euros.

«Alberto Rodríguez siempre toca temas candentes. Ya lo hizo en La isla mínima, donde aludió a un tema muy fuerte como los asesinatos de niñas en la dictadura, y también tocó la corrupción, en este caso la policial, en Grupo 7. Aquí ahonda un poco más en la corrupción al abordar el tema político, en lo que es una historia verídica», comenta Galiana, quien califica al realizador Alberto Rodríguez como «un tipo muy normal y cercano» que no parece «haber ganado 10 Goyas» con todo el éxito que eso acarrea.

«Me pareció muy familiar, muy coloquial, siempre respetando lo que estaba haciendo y que te transmite mucha confianza. Es un cineasta que también ama la profesión de actor, eso se nota mucho», añade.

«Alberto Rodríguez se ha rodeado en buena medida del equipo que realizó La isla mínima. Yo conocía algunos de ellos, y son un grupo excelente y muy profesional. Además, te das cuenta de lo potente que es la película con solo ver el vestuario, que era impresionante lo que había para actores y figuración», señala el alicantino.

En una reciente entrevista con la agencia EFE, el director Alberto Rodríguez hablaba sobre lo «polémica» que será esta película, El hombre de las mil caras: «La verdadera historia de lo que ocurrió ahí la saben tres o cuatro personas», dijo. «Han pasado veinte años y está de plena actualidad. Tristemente (respecto a la corrupción), es algo que se va a repitiendo cíclicamente. Es una lacra de nuestra sociedad que no hay forma de librarse de ella», expuso el director sevillano, autor también de Siete vírgenes.

Por otro lado, sin muchos detalles, el actor alicantino Agustín Galiana confirma su próximo trabajo con la actriz Victoria Abril en una serie de TV de alto presupuesto para la pequeña pantalla francesa. La ficción, con varias temporadas ya en marcha, reúne a varios millones frente a la pantalla siendo un gran éxito. Galiana, feliz en los nuevos episodios, se lo toma como uno de los mayores retos de su carrera.

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María Lorenzo y el cine de animación
May05

María Lorenzo y el cine de animación

El Lovecraft Film Festival, uno de los certámenes más populares en Estados Unidos, selecciona el cortometraje La noche del océano de la cineasta torrevejense. Es una adaptación del relato escrito por Robert H. Barlow y el mismo Howard Philips Lovecraft.

Publicado en Información el lunes 20 de abril 

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La noche del océano es la historia, en cierto modo, de Robert H. Barlow y Howard Philips Lovecraft.

La amistad comienza en una primera correspondencia epistolar de Barlow a una temprana edad (tenía 13 años) hacia su escritor admirado, Lovecraft, y que se prolonga hasta la muerte de éste, quien fuera considerado por Stephen King “el príncipe oscuro y barroco de la historia del horror del siglo XX”. Una amistad que fue a más, de tal modo que Lovecraft llegó a considerar a Barlow como su hijo, entre visitas familiares, paseos y largas conversaciones, sumándose así a la carrera literaria de Lovecraft entre proyectos literarios y corrección de originales, y la publicación conjunta de varios trabajos como Cosmos en colapso, Hasta en los mares o La noche del océano.

“A pesar de haberla escrito con tan sólo 18 años, La noche del océano es una obra de madurez que resume las características más importantes de su estilo. De alguna forma, en este misterioso relato está impreso el ADN literario de Barlow. En clave de maravillosa parábola, La noche del océano gira en torno a uno de los temores más ancestrales del género humano: el de nuestra propia extinción. La historia está protagonizada por un pintor que pasa sus días de vacaciones en una cabaña junto al mar. Tras unos primeros días soleados e idílicos, la melancolía del cambiante paisaje le invita a percibir una serie de fenómenos extraños que culminarán con un encuentro con lo imposible”, señala la torrevejense María Lorenzo en un reciente artículo que revela la fascinación que despertó en ella este relato de ambos autores norteamericanos, y que le empujó a la realización de un cortometraje de animación, ahora seleccionado en el popular Lovecraft Film Festival de Estados Unidos, que se celebra en San Pedro (California) y Portland (Oregón).

“Cuando me pongo con la realización en marzo del 2011, con la crisis del accidente nuclear Fukushima, y lo finalizo en 2014, con el ébola, lo que viene a actualizar este proceso de crisis del ser humano”, explica Lorenzo, quien se inspiró en su tierra natal, Torrevieja, para las localizaciones de su cortometraje: “Cuando leo el relato, tenía pensada la casa que aparece, porque hay un pequeño chalet en la playa de los locos así, y es ese sitio el que se ajusta un poco a lo que describe Barlow”.

El Lovecraft Film Festival de Estados Unidos no está especializado en animación, por lo que la selección de la obra de Lorenzo, financiada por Culturaarts de la Generalitat, sabe a mucho más que un premio por lo difícil del sector de colarse en certámenes cinematográficos generalistas y por la competencia que supone medirse a piezas audiovisuales de ficción con grandes presupuestos. En cualquier caso, eso sí, evidencia el buen momento que representa el sector de la animación, que lejos de retrotraerse, avanza con paso firme en el sector.

“Creo que sí es un buen momento, porque la animación tiene más aplicaciones que nunca y más visibilidad que nunca. Está saliendo además de ese nicho de estigmatización, de que solo sirve para niños, cuando es todo lo contrario. Y la ayuda que nos ha concedido Generalitat está muy bien, nada que ver con lo que ocurría años atrás, por lo que el sector de ayudas en la animación se ha revitalizado como un producto cultural que es. Y en el campo de la enseñanza, está muy bien posicionado. Cada vez hay más grados de animación en la escena universitaria, se ha multiplicado el número de másters, y proporciona empleo a los alumnos también, que es lo deseable”, apunta Lorenzo, docente en la Universitat Politècnica de València, quien solo echa en falta un espacio mayor para la animación en la televisión española.

Ante la pérdida de Lovecraft, Barlow fue nombrado su albacea literario, aunque de poco le sirvió cuando el círculo más cercano a Lovecraft le negó manuscritos y su biblioteca. Barlow se preocupó asimismo de editar dos revistas sobre literatura fantástica —The Dragonfly y Leaves, entre 1935 y 1937—, y también depositó en la biblioteca John Hays los relatos que Lovecraft había publicado en la revista Weird Tales. Aunque pasión literaria se mantuvo intacta, su posterior carrera se centró en la antropología, donde llegó a ser un brillante investigador y profesor en la Universidad de México.

El 2 de enero de 1951, con 32 años de edad, falleció a consecuencia de una sobredosis de barbitúricos. La hipótesis del suicidio es más aceptada, ya que había sido chantajeado por uno de sus alumnos con exponer públicamente su homosexualidad. Cuando sus ayudantes lo encontraron, había una nota clavada en su puerta, escrita en caracteres mayas, que decía: “No me molestéis. Quiero dormir mucho tiempo”.

“Su muerte antes de tiempo nos ha negado la posibilidad de conocer la evolución posterior de su genio multidimensional, al que hemos querido rendir homenaje llevando al cine su hijo literario más conocido, en forma de cortometraje de animación”, concluye Lorenzo.

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John Cabrera, el Hollywood español
Mar27

John Cabrera, el Hollywood español

Iniciado en las cintas de John Huston o Alfred Hitchcock en Londres, John Cabrera viajó a España como persona de confianza del productor Samuel Bronston. Así retrató y localizó buena parte de la geografía española para distintas películas del Hollywood dorado, aunque fue Dénia, la tierra de sus padres, los veranos de su infancia, la que le marcó para siempre. Cabrera trabajó con los mejores, como Charlton Heston, Gregory Peck o Christopher Lee.

Publicado en Información de Alicante el domingo 8 de marzo del 2015

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John Cabrera era un tipo entrañable con humor inglés y socarronería del Mediterráneo. Así le describe un grupo de privilegiados y amigos que le conocieron de cerca, quienes han elaborado un libro de reciente publicación que viene a retratar la trayectoria de un cineasta imprescindible en la historia del séptimo arte: John Cabrera. Localizando el Hollywood español (Pigmalión).

La obra, con textos de Antoni Reig, Miguel Losada, Enrique Ballesta, Enzo G. Castellari y Víctor Matellano, en coordinación de Romualdo Soler, realiza un amplio repaso por la carrera de John Cabrera desde sus inicios en Londres hasta su salto al imperio Bronston y el Hollywood dorado. Un merecido homenaje que viene a sumarse al que ultima Dénia, la tierra de sus padres, su pueblo predilecto y de acogida, ahora que está a punto de cumplirse un año de su triste pérdida. Un tributo que tendrá lugar el próximo jueves 16 de abril, con la proyección de un vídeo especial y un amplio coloquio al que asistirán expertos, críticos y la mujer del director, Irene, y su hijo llegado expresamente desde Londres.

También está previsto en el acto una nueva presentación del libro (tras la realizada unas semanas atrás en Madrid), exhibiendo algunas de las lujosas imágenes del archivo de John Cabrera en su recorrido geográfico y de localización por toda España, que es precisamente uno de los tesoros que encierra esta publicación en una selección fotográfica confeccionada por Román Rodríguez.

Y, por supuesto, se dedicará en la misma jornada un amplio tiempo para recordar el rodaje de El capitán Jones en Dénia, tras las gestiones de John Cabrera en una cinta protagonizada por Bette Davis y dirección de John Farrow. Así, con total seguridad, se narrarán anécdotas acontecidas durante el transcurso de este filme como la proclamación de Mia Farrow (la hija del director) en reina de las fiestas del pueblo; o cómo pudo escaparse uno de los barcos piratas del set de decorados encontrándose finalmente por Castellón.

Formado en el círculo cinematográfico de Londres, con directores como John Huston o Alfred Hitchcock, Cabrera trabajó como técnico de Technicolor, después como localizador, más tarde como ejecutivo de producción, operador, y finalmente como director de fotografía. Tras intervenir en producciones rodadas en su país como Ricardo III o Alejandro, el Magno, viaja a España como asesor de Bronston. Así le ayuda a localizar tomas para El Cid o 55 días en Pekín, aunque también interviene en filmes memorables como La batalla de las Árdenas, La selva blanca, Caza humana o Conan, el bárbaro.

Fue amigo de Charlton Heston, dio instrucciones a Gregory Peck, compartió confidencias con Christopher Lee y conoció a Frank Capra en una biografía con momentos intensos pero también inseguridades notables. De hecho, tal y como señala Romualdo Soler, la vida de John Cabrera, como el cine, también contó con ciertos altibajos ante una crisis del sector que le hizo atravesar momentos especialmente complicados. Así, siempre contempló con cierta desazón su última película, Genghis Khan, que jamás logro estrenarse por penurias económicas.

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Ciudad de la Luz: un sueño destrozado
Mar02

Ciudad de la Luz: un sueño destrozado

El proyecto dorado de convertir Alicante en el nuevo «Hollywood europeo» cuando el Consell abrió sus puertas en el 2005, atraviesa ahora su fase final de venta tras una etapa marcada por la polémica

Publicado en Información el 16 de febrero del 2015

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La escapada esperpéntica de Quentin Tarantino del complejo cinematográfico alicantino cuando se le prohibió el acceso «porque no se le conocía»; el abrazo amoroso de Francisco Camps con el actor Gérard Depardieu, ataviado de Obélix, cuando supuestamente Alicante se transformaba en referencia mundial del séptimo arte al ser capaz de acoger grandes producciones; o la huida inesperada de Roman Polanski, cuando sonreía complaciente junto a su maqueta de Pompeya ante su inminente rodaje en estas tierras, son solo algunas de las sombras, de las docenas de sombras, que han acompañado a Ciudad de la Luz desde su apertura en el 2005.

Una trayectoria que, en sus 10 años de vida, ha estado marcada por la polémica, el escándalo, la nula profesionalidad y una nefasta gestión que ha derivado al complejo en una muerte lenta y dolorosa con su actual proceso de venta. Un sueño destrozado, un sueño hecho pesadilla, que ha reventado víctima de múltiples circunstancias hasta que la sentencia de Bruselas, con la devolución millonaria de las ayudas a rodajes, ha supuesto su definitivo punto final.

Los inicios
¿Pero cómo se ha llegado hasta aquí, y qué ha pasado en todo este tiempo? Ciudad de la Luz era un cuento de hadas en un marco idílico donde la crisis era un espejismo y el dinero fluía generosamente en el 2000. Eso explica en parte la fórmula de cierta clase política que, a buena gastronomía, buen clima y buen sector hostelero, se planteó: «¿Y por qué no convertir la Comunidad Valenciana en un marco de cine?».

La inspiración del eterno cineasta valenciano Luis García Berlanga pasaba por ubicar inicialmente los estudios cinematográficos en Sagunto, por la cercanía y conexión audiovisual con Valencia, Madrid y Barcelona, aunque fue el expresidente Eduardo Zaplana quien trasladó la idea a Alicante y su sucesor, Francisco Camps, quien la asentó definitivamente.

Tras la expropiación y adquisición de los terrenos en Aguamarga, guerra vecinal incluida con los habitantes del antiguo barrio, la titánica obra se puso en marcha en un procedimiento en el que saltaron todas las alarmas a medida que el presupuesto se iba hinchando, los contratos se multiplicaban y una mole de edificios se expandía a su alrededor. El Consell invirtió unos 270 millones de euros (45.000 millones de las antiguas pesetas) en esta estructura cinematográfica gigantesca, moderna y de calidad, propio del nuevo «Hollywood europeo» en la costa alicantina.

Un monstruo cinematográfico construido acorde a los tiempos dorados de la bonanza económica, que recibió una severa crítica de la comisión europea años después cuando denunciaba en su informe, con otras palabras, que ningún empresario privado se habría atrevido a levantar algo así. El New York Times definió la infraestructura de Ciudad de la Luz como un «ejemplo del frenesí valenciano».

La inauguración y estreno de Ciudad de Luz tuvo lugar en el 2005. Fotos por aquí, fotos por allá; sonrisas; poses; políticos llamados a filas; se descorcharon botellas y se derrochaba felicidad. Arrancaba la verdadera prueba de fuego para un complejo que tenía que responder a las expectativas de sus dimensiones: 11.000 metros cuadrados de platós de rodaje, 12 hectáreas de zona de rodaje en exteriores con foso de rodaje de 8.000 metros cuadrados y más de 11.000 metros cuadrados de almacenes, talleres y edificios de producción con tecnología punta. Promesas y esperanzas que, al tiempo, se fueron desmoronando.

Estrellas y estrellados
Antonio Banderas, Bruce Willis, Elsa Pataky, Ricardo Darín, Álex de la Iglesia, Fernando Tejero, Paz Vega, Colin Farrell, Gerard Depardieu, Pepe Sancho, Santiago Segura, Maribel Verdú, José Coronado, Eduardo Noriega… pese a la enorme lista de reconocidos actores que desfilaron por Alicante, a muy pocos de ellos consiguió vincularse Ciudad de la Luz para seducir a nuevos productores y directores. Y, aunque algunas de las películas que acogió cosecharon grandes éxitos (ya sea No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu; o Balada triste de trompeta, de De la Iglesia), solo en el tramo final de su agonía, Bayona catapultó a la fama a Ciudad de la Luz con su película Lo imposible, entre halagos y elogios a unos estudios que, pese a todo, ya andaban en decadencia con platós semivacíos.

De cualquier modo, muy pocas ficciones de Ciudad de la Luz serán recordadas, como la serie Crematorio (magistral Pepe Sancho, la serie para televisión sentó un precedente en España por su firma al más puro estilo HBO, aunque con distribución escasa). Del resto de la filmografía, contados proyectos se libran del terrible olvido.

Directores o políticos
Siempre se echó en falta, y las críticas eran comunes en este aspecto, una dirección más profesional que política, conocedora del sector cinematográfico, de sus tentáculos y contactos, que de cualquier otro campo. Pero la política se impuso sobre todo los demás, y eso quedó plasmado en la dirección asignada por el Consell a José María Rodríguez Galant, a quien los sucesivos escándalos y polémicas decisiones (pagó 500.000 euros a Coppola para una conferencia en Ciudad de la Luz) terminaron por derrocarlo. Tampoco Elsa Martínez, su segunda directora, provenía del sector cinematográfico, aunque puso empeño y se acercó a la voz experta de Gerardo Herrero, productor de renombre, para salvar un barco que ya navegaba en aguas turbulentas. Solo su tercer y último director, José Antonio Escrivá, pertenece al gremio del séptimo arte, aunque el Consell le asignara en su cometido el papel de enterrador y sepulturero en este último tiempo de silencio e inactividad de los estudios.

Competencia brutal
Apenas se produjeron alianzas internacionales, y Ciudad de la Luz, pese al ímpetu de su dirección, tampoco se convirtió en un referente del cine español. Y brutal, salvaje, se presentaba la competencia para los estudios alicantinos en el mercado exterior, con platós prestigiosos, pesos pesados del sector, que seguían presentando sus novedades cinematográficas. Así, los Pinewood de Londres trabajaban El hombre lobo, con Beniccio del Toro; la mano barata de técnicos y personal de Atlas-Film en Ouarzazate (Marruecos) mejoraba constantemente sus condiciones económicas, y su prestigio se lo daban películas como Gladiator o El Reino de los Cielos; Mediterranean Film Studios, de Malta, era y sigue siendo la perla más preciada del séptimo arte europeo, y de ella hablan sus rodajes como Ágora, de Amenábar, o Múnich, de Steven Spielberg; y tampoco cabe olvidarse de los históricos Cinecittà, de Roma, que habían ampliado sus negocios con superproducciones norteamericanas.

El enemigo en casa
La explotación comercial de Ciudad de la Luz estuvo antes y después en manos privadas, en manos de Aguamarga. Primero, solo en fase de asesoramiento, y más tarde, como ejecutor. Y, casi desde un principio, las desavenencias entre Aguamarga y Ciudad de la Luz fueron bien visibles, pero incomprensiblemente el contrato de Aguamarga se renovaba y ampliaba en una pelea de trasfondo político. Pero la guerra se declaró y recrudeció en 2010, cuando Ciudad de la Luz decidió disolver el contrato por «graves incumplimientos» en la gestión del complejo. Aguamarga solicitaba, por su parte, lo que se le debía por sus servicios y la rescisión del acuerdo. Juicio de por medio, en este contexto la gestora organizaba clases de zumba en Ciudad de la Luz, o visitas guiadas al complejo, paella incluida. Acciones que respondían como presión a la dirección del complejo, que había congelado todas las funciones de los platós por orden del Consell. La Audiencia dio la razón a Ciudad de la Luz, y Aguamarga fue expulsada del centro y condenada a pagar 1,2 millones.

Estrategias equivocadas
La táctica planteada para la captación de rodajes, y que años después significó su tiro de gracia, fue una política de subvenciones y ayudas a las películas españolas o extranjeras que apostaran por filmar en Ciudad de la Luz. Una polémica medida, una estrategia equivocada de principio a fin, que solo en su fase inicial conllevó un gasto de más de dos millones de euros, cubriendo gastos de películas como El camino de los ingleses, de Antonio Banderas, al que la Generalitat inyectó 690.000 euros.

La práctica habitual de estas «ayudas» fue denunciada por los estudios Pinewood de Londres por competencia desleal, y posteriormente declaradas ilegales por la comisión europea obligando al complejo a su recuperación y devolución. El Consell, ante tal tesitura, optó sin más remedio por su actual proceso de venta, de tal modo que la posible extinción o reimpulso de Ciudad de la Luz queda ahora a expensas de los nuevos propietarios. El equipo de Francis Ford Coppola y un grupo inversor chino son de momento los más interesados en liderar el futuro de los estudios.

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De Benidorm a la Berlinale
Mar02

De Benidorm a la Berlinale

El prestigioso certamen cinematográfico alemán selecciona y acoge entre buenas críticas la cinta del director Ion de Sosa, con guión del ilicitano Chema García Ibarra. 

Publicado en Información el 1 de marzo del 2015

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En proyectos modestos, cuando alguno de los festivales de cine más importantes del mundo seleccionan tu película para su exhibición al público, la sensación que queda es como la de haber recibido el mejor de los premios. Se trata, claro está, de una situación difícil puesto que resulta imposible competir con los pesos pesados, con las productoras millonarias y los actores de renombre, aunque solo por el hecho de colocar tu película, tu humilde proyecto, en un lujoso cartel y programación del séptimo arte internacional, solo por eso ya vale y mucho la pena.

En este contexto se mueve la historia del director Ion de Sosa cuando la Berlinale, el prestigioso certamen cinematográfico alemán, le comunicó que su largometraje Sueñan los androides, rodada en Benidorm, entraba en la lista de proyecciones.

«Ha sido algo muy bonito, especial, después de todos estos últimos años trabajando. Estamos muy satisfechos de haber entrado en un escaparate como la Berlinale, con salas llenas, un jurado internacional y un numeroso público que ha participado en los posteriores coloquios. En general, las críticas han sido buenas», señala De Sosa sobre una cinta que previamente tuvo salida en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. «Pese al estreno nacional, accedieron a ponerla en Berlín, y ha sido una pasada», agrega.

La película de De Sosa presenta un panorama desolador, postapocalíptico, donde los edificios se presentan fríos y solitarios, las guerras han matado a los jóvenes, y los viejos tratan de seguir disfrutando de sus pequeños placeres, como el paseo o los bailes de la tercera edad, en una sociedad alicaída y vacía.

«Benidorm es una ciudad muy especial por su arquitectura, y también muy viva por su turismo. Pero nosotros nos hemos aprovechado de otro punto de vista, que en absoluto representa la ciudad, pero que hemos manipulado y hemos transformado en ficción para lograr el efecto deseado. Debo decir que tuvimos un trato exquisito en Benidorm, por autoridades y vecinos, que nos ayudaron en todo momento para el rodaje. Se portaron muy bien, genial con nosotros», explica Ion de Sosa, quien conoció la ciudad por su pareja y, en un primer viaje, comenzó a tomar fotografías que le permitieron confeccionar la guía de localizaciones y grabación.

«Benidorm tiene una atmósfera muy agradable, aunque he seleccionado lo más desagradable. Pero lo que opino yo de ese futuro apocalíptico no tiene que ver con lo que pienso de la ciudad», aclara.

Así Benidorm se encuentra en un siglo XXI muy avanzado, gris y apagado, en una trama inspirada en la legendaria película de ciencia ficción Blade Runner, al igual que en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. Y de ahí precisamente se nutre la cinta de Ion de Sosa, Sueñan los androides, en lo que podría también considerarse una nueva interpretación de la histórica cinta de Ridley Scott. «Es una peli que he visto muchas veces, y que es además la preferida de otra mucha gente. Y lo que hemos querido hacer es darle otra visión de futuro, basándonos quizás en algunos aspectos que Ridley Scott omitió», afirma.

Al guión de Sueñan los androides, del vasco Ion de Sosa, contribuye el cineasta ilicitano Chema García Ibarra, quien actualmente está rodando su nuevo cortometraje. «Chema (García Ibarra) se incorpora un poco más tarde y aportó otras variables a la cinta, con el frescor de su ciencia ficción doméstica. Ambos nos conocimos en la Berlinale», señala De Sosa, quien califica al ilicitano como «un cineasta brillante» que goza del respeto de todos los cineastas de España y que «cuando se anime a hacer su película, va a ser un éxito seguro».

Ion de Sosa vive en Berlín, donde trabaja de camarero, al tiempo que sigue cultivando nuevos sueños y próximos estrenos. «Hacer cine no es difícil, lo difícil es vivir del cine», explica dentro de su propia filosofía: «yo estoy fuera del mercado del cine» y, por tanto, fuera de la obsesión de obtener unas cifras y rentabilizar un producto.

En cualquier caso, el cineasta vasco pronto presentará Sueñan los androides en el Festival Internacional de Cine de Murcia, al tiempo que medita un nuevo proyecto: «Tengo ideas, y la cosa es ir a Murcia y hablar con Chema (García Ibarra). Hay un autor español muy interesante, Velasco Broca, que ya ha estado en Cannes y Sundance, que tiene una nueva película en marcha y Chema y yo estamos estudiando entrar en la producción. Estamos viendo qué hacer pero es algo que nos seduce mucho», concluye.

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