Ciudad de la Luz: un sueño destrozado
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Ciudad de la Luz: un sueño destrozado

El proyecto dorado de convertir Alicante en el nuevo «Hollywood europeo» cuando el Consell abrió sus puertas en el 2005, atraviesa ahora su fase final de venta tras una etapa marcada por la polémica

Publicado en Información el 16 de febrero del 2015

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La escapada esperpéntica de Quentin Tarantino del complejo cinematográfico alicantino cuando se le prohibió el acceso «porque no se le conocía»; el abrazo amoroso de Francisco Camps con el actor Gérard Depardieu, ataviado de Obélix, cuando supuestamente Alicante se transformaba en referencia mundial del séptimo arte al ser capaz de acoger grandes producciones; o la huida inesperada de Roman Polanski, cuando sonreía complaciente junto a su maqueta de Pompeya ante su inminente rodaje en estas tierras, son solo algunas de las sombras, de las docenas de sombras, que han acompañado a Ciudad de la Luz desde su apertura en el 2005.

Una trayectoria que, en sus 10 años de vida, ha estado marcada por la polémica, el escándalo, la nula profesionalidad y una nefasta gestión que ha derivado al complejo en una muerte lenta y dolorosa con su actual proceso de venta. Un sueño destrozado, un sueño hecho pesadilla, que ha reventado víctima de múltiples circunstancias hasta que la sentencia de Bruselas, con la devolución millonaria de las ayudas a rodajes, ha supuesto su definitivo punto final.

Los inicios
¿Pero cómo se ha llegado hasta aquí, y qué ha pasado en todo este tiempo? Ciudad de la Luz era un cuento de hadas en un marco idílico donde la crisis era un espejismo y el dinero fluía generosamente en el 2000. Eso explica en parte la fórmula de cierta clase política que, a buena gastronomía, buen clima y buen sector hostelero, se planteó: «¿Y por qué no convertir la Comunidad Valenciana en un marco de cine?».

La inspiración del eterno cineasta valenciano Luis García Berlanga pasaba por ubicar inicialmente los estudios cinematográficos en Sagunto, por la cercanía y conexión audiovisual con Valencia, Madrid y Barcelona, aunque fue el expresidente Eduardo Zaplana quien trasladó la idea a Alicante y su sucesor, Francisco Camps, quien la asentó definitivamente.

Tras la expropiación y adquisición de los terrenos en Aguamarga, guerra vecinal incluida con los habitantes del antiguo barrio, la titánica obra se puso en marcha en un procedimiento en el que saltaron todas las alarmas a medida que el presupuesto se iba hinchando, los contratos se multiplicaban y una mole de edificios se expandía a su alrededor. El Consell invirtió unos 270 millones de euros (45.000 millones de las antiguas pesetas) en esta estructura cinematográfica gigantesca, moderna y de calidad, propio del nuevo «Hollywood europeo» en la costa alicantina.

Un monstruo cinematográfico construido acorde a los tiempos dorados de la bonanza económica, que recibió una severa crítica de la comisión europea años después cuando denunciaba en su informe, con otras palabras, que ningún empresario privado se habría atrevido a levantar algo así. El New York Times definió la infraestructura de Ciudad de la Luz como un «ejemplo del frenesí valenciano».

La inauguración y estreno de Ciudad de Luz tuvo lugar en el 2005. Fotos por aquí, fotos por allá; sonrisas; poses; políticos llamados a filas; se descorcharon botellas y se derrochaba felicidad. Arrancaba la verdadera prueba de fuego para un complejo que tenía que responder a las expectativas de sus dimensiones: 11.000 metros cuadrados de platós de rodaje, 12 hectáreas de zona de rodaje en exteriores con foso de rodaje de 8.000 metros cuadrados y más de 11.000 metros cuadrados de almacenes, talleres y edificios de producción con tecnología punta. Promesas y esperanzas que, al tiempo, se fueron desmoronando.

Estrellas y estrellados
Antonio Banderas, Bruce Willis, Elsa Pataky, Ricardo Darín, Álex de la Iglesia, Fernando Tejero, Paz Vega, Colin Farrell, Gerard Depardieu, Pepe Sancho, Santiago Segura, Maribel Verdú, José Coronado, Eduardo Noriega… pese a la enorme lista de reconocidos actores que desfilaron por Alicante, a muy pocos de ellos consiguió vincularse Ciudad de la Luz para seducir a nuevos productores y directores. Y, aunque algunas de las películas que acogió cosecharon grandes éxitos (ya sea No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu; o Balada triste de trompeta, de De la Iglesia), solo en el tramo final de su agonía, Bayona catapultó a la fama a Ciudad de la Luz con su película Lo imposible, entre halagos y elogios a unos estudios que, pese a todo, ya andaban en decadencia con platós semivacíos.

De cualquier modo, muy pocas ficciones de Ciudad de la Luz serán recordadas, como la serie Crematorio (magistral Pepe Sancho, la serie para televisión sentó un precedente en España por su firma al más puro estilo HBO, aunque con distribución escasa). Del resto de la filmografía, contados proyectos se libran del terrible olvido.

Directores o políticos
Siempre se echó en falta, y las críticas eran comunes en este aspecto, una dirección más profesional que política, conocedora del sector cinematográfico, de sus tentáculos y contactos, que de cualquier otro campo. Pero la política se impuso sobre todo los demás, y eso quedó plasmado en la dirección asignada por el Consell a José María Rodríguez Galant, a quien los sucesivos escándalos y polémicas decisiones (pagó 500.000 euros a Coppola para una conferencia en Ciudad de la Luz) terminaron por derrocarlo. Tampoco Elsa Martínez, su segunda directora, provenía del sector cinematográfico, aunque puso empeño y se acercó a la voz experta de Gerardo Herrero, productor de renombre, para salvar un barco que ya navegaba en aguas turbulentas. Solo su tercer y último director, José Antonio Escrivá, pertenece al gremio del séptimo arte, aunque el Consell le asignara en su cometido el papel de enterrador y sepulturero en este último tiempo de silencio e inactividad de los estudios.

Competencia brutal
Apenas se produjeron alianzas internacionales, y Ciudad de la Luz, pese al ímpetu de su dirección, tampoco se convirtió en un referente del cine español. Y brutal, salvaje, se presentaba la competencia para los estudios alicantinos en el mercado exterior, con platós prestigiosos, pesos pesados del sector, que seguían presentando sus novedades cinematográficas. Así, los Pinewood de Londres trabajaban El hombre lobo, con Beniccio del Toro; la mano barata de técnicos y personal de Atlas-Film en Ouarzazate (Marruecos) mejoraba constantemente sus condiciones económicas, y su prestigio se lo daban películas como Gladiator o El Reino de los Cielos; Mediterranean Film Studios, de Malta, era y sigue siendo la perla más preciada del séptimo arte europeo, y de ella hablan sus rodajes como Ágora, de Amenábar, o Múnich, de Steven Spielberg; y tampoco cabe olvidarse de los históricos Cinecittà, de Roma, que habían ampliado sus negocios con superproducciones norteamericanas.

El enemigo en casa
La explotación comercial de Ciudad de la Luz estuvo antes y después en manos privadas, en manos de Aguamarga. Primero, solo en fase de asesoramiento, y más tarde, como ejecutor. Y, casi desde un principio, las desavenencias entre Aguamarga y Ciudad de la Luz fueron bien visibles, pero incomprensiblemente el contrato de Aguamarga se renovaba y ampliaba en una pelea de trasfondo político. Pero la guerra se declaró y recrudeció en 2010, cuando Ciudad de la Luz decidió disolver el contrato por «graves incumplimientos» en la gestión del complejo. Aguamarga solicitaba, por su parte, lo que se le debía por sus servicios y la rescisión del acuerdo. Juicio de por medio, en este contexto la gestora organizaba clases de zumba en Ciudad de la Luz, o visitas guiadas al complejo, paella incluida. Acciones que respondían como presión a la dirección del complejo, que había congelado todas las funciones de los platós por orden del Consell. La Audiencia dio la razón a Ciudad de la Luz, y Aguamarga fue expulsada del centro y condenada a pagar 1,2 millones.

Estrategias equivocadas
La táctica planteada para la captación de rodajes, y que años después significó su tiro de gracia, fue una política de subvenciones y ayudas a las películas españolas o extranjeras que apostaran por filmar en Ciudad de la Luz. Una polémica medida, una estrategia equivocada de principio a fin, que solo en su fase inicial conllevó un gasto de más de dos millones de euros, cubriendo gastos de películas como El camino de los ingleses, de Antonio Banderas, al que la Generalitat inyectó 690.000 euros.

La práctica habitual de estas «ayudas» fue denunciada por los estudios Pinewood de Londres por competencia desleal, y posteriormente declaradas ilegales por la comisión europea obligando al complejo a su recuperación y devolución. El Consell, ante tal tesitura, optó sin más remedio por su actual proceso de venta, de tal modo que la posible extinción o reimpulso de Ciudad de la Luz queda ahora a expensas de los nuevos propietarios. El equipo de Francis Ford Coppola y un grupo inversor chino son de momento los más interesados en liderar el futuro de los estudios.

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Bigas Luna, y su amor por Alicante
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Bigas Luna, y su amor por Alicante

El conocido director rodó tres películas en la provincia, con Huevos de oro (1993), en Benidorm; Son de mar (2001), en Dénia; y Di Di Hollywood (2010), en Alicante. 

Publicado en Información, el domingo 7 de abril del 2013

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Bigas Lunas decía con razón que era un “catalán del sur”. Lo decía, claro está, con cierta sorna, pero era una manera (su manera) de declarar su amor por esta provincia. Aquí rodó tres películas, inauguró una exposición y se volcó con la cultura local y universal, como la del Misteri d’Elx.

En 1993, cuando trabajaba su película Huevos de oro en Benidorm, Bigas Luna ya era un director conocido. Había adaptado exitosamente la novela erótica de Almudena Grandes, Las edades de Lulú, y había catapultado a la fama a Javier Bardem y Penélope Cruz con Jamón, jamón. Su visión innovadora del cine, con una línea de juegos sexuales y carnales en sus tramas, ganó rápidamente adeptos.

Para Huevos de oro, rescató nuevamente a Bardem para el reparto, en el que compartió protagonismo con una jovencísima Maribel Verdú. La presentación de la película en Benidorm contó con una gran expectación. Entre el público, el alcalde de la localidad, Eduardo Zaplana, y el presidente de la Cámara de Comercio, Luis Díaz Alperi, y cientos de fans. La ciudad turística por excelencia no quiso perderse, por entonces, la fiesta de los grandes rodajes.

En el 2001, Bigas Lunas se plantó en Dénia para el rodaje de Son de mar. La novela de Manuel Vicent parecía pensada y creada expresamente para el director catalán: el cuerpo de un joven profesor de clásicas, Ulises, interpretado por Jordi Mollà, aparece flotando sin vida al fondo del mar, vestido extrañamente de novio. La historia de amor abordaba las tres obsesiones del cineasta catalán: la muerte, el sexo y la gastronomía. El estreno en Dénia de la cinta tuvo una grandísima acogida, y más de 800 personas asistieron al cine Condado. Allí se le preguntó a Bigas Lunas por las distintas secuencias eróticas que aparecían, y él contestó: “Mire, yo es que soy muy mediterráneo”.

En el 2010, quizás en las horas más bajas de su creación, Bigas Lunas filmó Di Di Hollywood en los estudios de Ciudad de la Luz y en distintas localizaciones de Alicante. La cinta pasó desapercibida en los cines, aunque sus intenciones eran bien claras: llevar a su nueva musa, a Elsa Pataky, a lo más alto, como ya hizo tiempo atrás con Penélope Cruz, Leonor Watling, Ariadna Gil o Verónica Echegui. Pero la segunda parte de Yo soy la Juani fracasó, como también lo hizo la siempre atractiva Elsa Pataky (que desapareció, de un plumazo, del séptimo arte) y por supuesto Ciudad de la Luz, que está actualmente en venta.

Pese a todo, los certámenes de cine de la provincia han sabido reconocer el punto de inflexión que marcó Bigas Luna con sus películas en el cine español. Y, en el 2007, fue homenajeado en el Festival de Cine de Alicante; y, en el 2011, recibió el Faro de Plata del Festival de l’Alfàs.

Más allá del cine, Bigas Luna también mostró un gran interés por el Misteri d’Elx, que visitó en dos ocasiones, en 1999 y el 2005. Allí tuvo ocasión de conocer la histórica representación religiosa, e incluso, según confesó, le hubiera gustado hacer cine de ello, como queriendo atrapar el tiempo.

Finalmente, en el 2009, inauguró la exposición Ingestum, en el Mubag, organizada por la Diputación. Una muestra sobre la alimentación y los fluidos humanos, tan peculiar y ecléctica como lo era su cine, y como lo era él mismo.

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Berlanga creía en Ciudad de la Luz
Nov19

Berlanga creía en Ciudad de la Luz

El cineasta alicantino Rafael Maluenda, director del museo virtual del realizador valenciano, asegura que la web incorporará en una segunda fase de contenidos su vinculación con los platós de cine alicantinos, de los que fue su ideólogo y principal impulsor // El legado digital estrenado recientemente, germen de la fundación, ignora la relación de Berlanga con los estudios de cine

Artículo publicado el lunes 19 de noviembre del 2012 en Información de Alicante

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Luis García Berlanga, uno de los directores de cine más universales y transcendentales en la historia del cine  español, fue el visionario, el ideólogo y hasta el principal impulsor y apoyo de Ciudad de la Luz. Tanto, que fue su patrono fundador y todavía hoy, en la plaza que preside el enorme complejo cinematográfico alicantino, podemos encontrar una estatua dedicada al autor de La vaquilla.

Por eso, sorprende más si cabe, que el nuevo legado digital del cineasta valenciano, el Berlanga Film Museum, inaugurado recientemente en Madrid, no incluya mención alguna a su trabajo, apoyo y al gran sueño que, en definitiva, representó para Berlanga los platós y la escuela de cine de Ciudad de la Luz.

La web, patrocinada por Generalitat y con colaboración del Ministerio de Cultura y el Instituto Cervantes, entre otras entidades, es un museo sin paredes, innovador, muy completo en documentación, y en el que es posible incluso visualizar a un precio irrisorio la filmografía de Berlanga. Pero, con todo, llama poderosamente la atención que no se haga mención alguna al proyecto del que fue visionario el autor de El verdugo: Ciudad de la Luz.

El director de contenidos del Berlanga Film Museum es el alicantino Rafael Maluenda, un experto cineasta que lleva ya varios años al frente de Cinema Jove de Valencia, uno de los festivales más consagrados en España. Al ser preguntado por esta cuestión, Maluenda señalaba que “el museo no lo hemos concebido como algo cerrado y acabado, y está claro que Berlanga fue un visionario de infinidad de proyectos y uno de ellos, desde luego, fue Ciudad de la Luz. Y es uno de los proyectos que por supuesto queremos que estén presentes, como cuando Luis García Berlanga fue director de la colección de relatos eróticos “Sonrisa Vertical” de Tusquets, que además contribuyó al descubrimiento de grandes escritores de hoy como Almudena Grandes. Dicho esto, queremos que el museo no solo sea una referencia cinematográfica, y ahí Ciudad de la Luz tendrá cabida”.

Rafael Maluenda compartió más de 20 años de amistad con Berlanga, lo que en parte le convirtió en un confidente del cineasta, hasta el punto de que tuvo el privilegio de participar en el rodaje de alguna de sus últimas películas. “Tenía muchas ganas de ver Ciudad de la Luz, era un sueño para él. Y siempre mantuvo el discurso de que en la Comunidad Valenciana había profesionales especialmente dotados para hacer cine. Tenía claro que los platós debían ser líderes internacionales, compitiendo con los de Malta, e insistía mucho en la idea de contar con un tanque de agua para el rodaje de secuencias marinas y submarinas. Concebía el equipamiento de los platós y, por otro, la escuela de cine”, recuerda Maluenda.

¿Pero qué es lo que queda de Berlanga en Ciudad de la Luz ante la inminente venta de los estudios? ¿Y cuál es su opinión al respecto? “A mí me parece que Ciudad de la Luz, como quería Berlanga, son unos estudios punteros. Ahora, yo creo que lo que debe hacerse y lo que intenta Generalitat es que no se pierda el legado berlanguiano. Y si la venta de los estudios de cine aseguran esa continuidad y el sueño de Berlanga sigue adelante, lo entiendo lógico y natural, siempre y cuando los compradores mantengan los estudios destinados a la producción cinematográfica”, agregó Rafael Maluenda.

INVESTIGACIÓN
El Berlanga Film Museum es un proyecto que está enfocado especialmente a la investigación. De hecho, el volcado impresionante de documentos, epístolas y otros archivos se presenta para el curioso, fan o estudioso como una biblioteca abierta, como una sala libre al conocimiento de Luis García Berlanga. Atractivos que, en buena medida, ahorrarán esfuerzos y, porqué no, también dinero, al futuro investigador.

“Lo que hemos hecho es facilitarlo absolutamente todo, de tal modo que a un solo click se pueden encontrar guiones, argumentos y todo tipo de material sin tener que desplazarse de casa. Por todo ello, esperamos que la web, el Berlanga Film Museum, sea un estímulo para el investigador, y puedan posteriormente presentarse artículos y tesis doctorales”, afirma Maluenda.

A la espera de que la RAE (Real Academia Española) acepte el término “berlanguiano”, como en su día Valle-Inclán nos regaló su “esperpento”, el Berlanga Film Museum se presenta como uno de los proyectos culturales más originales, y que tiene más sentido que nunca en la era digital y de Internet.

“Es un museo virtual, pero es un museo que llega a todos los hogares, a través de todos los ordenadores, sean los de casa o de cualquier otro lugar. Una forma fácil y sencilla de llegar a todos los hogares del mundo”, explica Rafael Maluenda ante este nuevo reto audiovisual e histórico.

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Cómo se hizo la ola de “Lo imposible”
Oct23

Cómo se hizo la ola de “Lo imposible”

La película “Lo imposible” utilizó 27 millones de litros de agua salada en el “water tank” de Ciudad de la Luz en Alicante.

Publicado en Información, el domingo 21 de octubre

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Nunca antes una película rodada en Ciudad de la Luz en Alicante había funcionado tan bien, y nunca antes una película rodada en los platós de cine alicantinos había tenido tanta repercusión.

Lo imposible, el filme de J. A. Bayona que ha alcanzado cifras de récord en el séptimo arte español, con una recaudación y alcance de la película verdaderamente notables, rodó sus secuencias más importantes, es decir, las del agua, incluida la ola gigante que simulaba el tsumani, en el tanque de agua, o también llamado “water tank”, en Ciudad de la Luz en Alicante.

Para la grabación, fueron necesarios 27 millones de litros de agua salada (procedentes de la planta desalinizadora de Alicante), ya que por distintas cuestiones del proceso de producción, se llevó a cabo el vacío y llenado del tanque de Ciudad de la Luz hasta tres veces (y en el que tiene cabida 9 millones de litros de agua).

Por su parte, para dar color al agua, se optó por “ensuciarla” naturalmente, arrojando barro, hojas, paja y ramas sueltas, que se mezclaron rápidamente en cuanto se puso en marcha los compresores del tanque de agua de los platós alicantinos y las corrientes marinas cobraron vida.

“Es muy difícil rodar en el agua, porque todo se mueve. Incluso tuvimos que anclar las cámaras y otros objetos con cadenas. Cada cambio era un proceso enorme porque teníamos que poner en marcha la grúa para sacar elementos del decorado que podían pesar hasta cuatro toneladas. Todo estaba muy pensado y muy trabajado”, afirma Félix Bergés, supervisor de los efectos especiales junto a Pau Costa.

El equipo de J. A. Bayona estuvo unos tres meses rodando en el tanque de agua y, para la grabación de la ola gigante que arrasa la zona, se reconstruyó parte de la infraestructura del hotel de Tailandia en el mismo “water tank” de Ciudad de la Luz. De este modo, trabajando siempre con agua real, y con la ayuda de los efectos especiales, se fueron añadiendo detalles a los planos (palmeras, coches, etc…) que más tarde, a modo de un “collage”, perfilan y completan la secuencia.

El resto de imágenes acuáticas, en las que Naomi Watts aparece arrastrada por el agua junto a su hijo (interpretado por el actor Tom Holland), también fueron tomadas en el tanque de agua de Ciudad de la Luz. Para ello, el foso se dividió en dos carriles que, con unas dimensiones de 100×90 y 1,20 metros de profundidad, sirvieron para reflejar con total intensidad la acción de los protagonistas.

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Como anécdota, fuentes cercanas a Ciudad de la Luz señalan que la actriz Naomi Watts, cada 10 minutos, salía de las sucias aguas del tanque para darse una ducha, con la que cuidaba siempre su piel.

Además, testigos del rodaje, aseguran que uno de los procesos más conflictivos y sufridos del rodaje en Alicante lo padecieron los especialistas que participaron en la película. Esto fue así debido a que ellos fueron quienes tuvieron que resistir los golpes de todo tipo de materiales cuando se grabaron las secuencias bajo el agua, cuando el tsunami les engulle y coches, palmeras, muebles y escombros les golpean por todas partes. Un equipo médicos con ambulancias se instaló por esos días en Ciudad de la Luz para actuar ante cualquier tipo de percance. Afortunadamente no hubo que lamentar males mayores, aunque “la tensión en el rodaje fue evidente durante esos días”.

Lo imposible, de J. A. Bayona, narra la historia de una familia española que va a pasar sus vacaciones de invierno a Tailandia. Y es allí, en la mañana del 26 de diciembre, cuando la ola gigante del tsunami arrasa el país.

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La película ha contado con una importante repercusión internacional. Exhibida en distintos festivales de cine, y premiada en el de Chicago, Bayona ha concedido desde entonces un buen número de entrevistas en medios de comunicación de todo el mundo, elogiando constantemente la calidad y la infraestructura que ofrece los estudios de Ciudad de la Luz en Alicante.

Una publicidad indudablemente buena para los platós alicantinos que, por desgracia, ha coincidido con el peor momento de la historia de Ciudad de la Luz, atrapada por el conflicto Aguamarga y Generalitat que tiene paralizado el complejo.

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