El Goya de los Bernácer
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El Goya de los Bernácer

Alain Bainée Bernácer, nieto del eminente economista alicantino, y premio del cine español en el 2013 por Blancanieves, trabaja en la última película de Isabel Coixet, Nadie quiere la noche. Directores como Woody Allen o Pedro Almodóvar también han contado con él. 

Publicado en Información el 29 de junio del 2014

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«Mi abuelo, Germán Bernácer, siempre ha sido una imagen casi divina, para bien y para mal. Porque arrastrar esa imagen del genio en la familia, a veces no ha sido del todo fácil».

Alian Bainée Bernácer, nieto del eminente economista alicantino, es uno de los cineastas más consagrados en el apartado de la dirección artística y decoración. Goya en el 2013 por Blancanieves, Bainée ha trabajado con algunos de los directores más reconocidos de los últimos tiempos, como Woody Allen (Vicky Cristina Barcelona) o Pedro Almodóvar (Kika); Jaume Balagueró (Frágiles) o Brad Anderson (Transsiberian); incluso con actores de la talla de Christian Bale (El maquinista o Batman). Una impecable trayectoria que ahora viene a prolongar con su involucración en el próximo proyecto de Isabel Coixet, Nadie quiere la noche, que se exhibirá en breve en las grandes pantallas.

«He estudiado y me he criado en Francia, aunque venía todos los veranos a la casa de San Juan de mi abuelo, llegando justo a El Campello. Pasaba allí todas las vacaciones de mi juventud y adolescencia, en la playa. La escuela y el invierno eran París, después siempre estaba en Alicante», señala.

«Mi abuelo murió cuando yo tenía seis años, era muy pequeño, pero me acuerdo de ver la tele con él, en su despacho, que al entrar era como una especie de templo, como de art déco. Era un lugar especial, y él siempre fue un hombre muy cariñoso», afirma Bainée, muy agradecido por la difusión del legado del economista alicantino que han realizado entidades como la Fundación Caja Mediterráneo, la Universidad de Alicante y el monográfico Canelobre, del IAC Juan Gil-Albert.

«Siento un enorme respeto por mi abuelo (Germán Bernácer fue precursor de Keynes y con sus teorías influyó a matemáticos y expertos de todo el mundo), y me alegro mucho cuando vuelven a homenajearle porque es verdad que en esa época, a pesar de lo que hizo, no había entonces ese reconocimiento como sí ahora empieza a verlo en los últimos años», agrega.

Alian Bainée Bernácer, quien rememora sus primeras «experiencias cinematográficas» en las sesiones al aire libre de Benimantell siendo un niño, no estudió audiovisuales ni nada por el estilo. Primero, le dio por la filosofía; después, por la arquitectura, oficio al que se dedicó unos años; le hubiera gustado probar con la cocina, porque se define como un «buen chef», aunque no tentó a la suerte; y finalmente la publicidad, en Barcelona, años 90, donde al poco una llamada lo cambió todo: era el mismo Pedro Almodóvar.

«Cada director es un planeta, una historia y un mundo muy personal. Aunque, de todos ellos, el que más me ha marcado, también porque es un icono para mí, es Woody Allen. Y fue quizás la película más fácil, por las localizaciones, la logística, pero la verdad es que estrechar la mano de Woody Allen, y tener una relación de amistad y trabajo con él, siendo una persona de una dulzura y una inteligencia tan grande, pues fue quizás la experiencia más enriquecedora. Es un genio e icono de este siglo», comenta.

Bainée, quien reconoce el delicado estado por el que atraviesa en la actualidad el cine español, alerta del vacío que está desencadenando la falta de empleos en el sector: «Muchos técnicos buenos están desapareciendo, porque aguantan dos años y, si no hay nada, o se dedican a otra cosa o se van. Se montan restaurantes o se van a currar a casas rurales. Pero esto es una enfermedad en la que es cada vez más difícil remontar».

Una crisis que, en cierto modo, y sobre otras muchas cuestiones, también salpicó a los platós de cine de Ciudad de la Luz en Alicante, hoy paralizados y en un proceso de venta: «No llegué nunca a rodar allí, aunque sí he estado muchas veces. En una ocasión, con el equipo de Isabel Coixet para hacerlo allí, por los cientos de decorados que ahora hemos construido en Bulgaria y Noruega. ¿Y por qué no allí? Hace falta una industria y unas ayudas que permitan hacerlo, aunque sea con poco apoyo. Esta película, por ejemplo, la hemos acabado en Canarias, por los incentivos fiscales», explica.

Alian Bainée anda ahora de descanso, entre Madrid y Barcelona, al tiempo que medita nuevas ofertas y el salto a Hollywood. Y hace unas semanas, en el marco del Festival de Cine de Alicante, donde intervino como jurado, pudimos verle por aquí: «No estoy al tanto de las polémicas, la verdad. Pero lo que te puedo decir es que Alicante me parece una ciudad maravillosa e ideal para acoger un festival de cine. Aunque para que éste crezca, se necesita una selección de películas más potentes. A mí me llegó una preselección del material, con unos cortos muy buenos; y unos largos, más equitativos».

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El alicantino Enrique Martínez, en la Reserva Federal de los Estados Unidos
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El alicantino Enrique Martínez, en la Reserva Federal de los Estados Unidos

El historiador y economista alicantino Enrique Martínez, que actualmente trabaja en la Reserva Federal de los Estados Unidos, investiga el papel de la moneda y el mercado cambiario en el bando republicano y nacional durante la Guerra Civil Española. FOTO: JESÚS CRUCES. 

Publicado en Información de Alicante, el lunes 28 de enero del 2013

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«Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y más dinero. Hay guerras más baratas, pero se suelen perder». La frase, que recordarán de Napoleón, no se aleja ni un ápice de la realidad (y la brutalidad) de cualquier conflicto bélico.

Y precisamente en este marco se mueve la investigación del historiador y economista alicantino Enrique Martínez, en la que analiza el papel de la moneda y el mercado cambiario en el bando republicano y nacional durante la Guerra Civil Española.

Martínez, que actualmente trabaja en la Reserva Federal de los Estados Unidos, antiguo estudiante de la Universidad de Alicante, con premio extraordinario de esta misma institución y de la Generalitat, y segundo en el Nacional, ha realizado un intenso proceso de rastreo y documentación para conocer, con exactitud, los cambios de la peseta, y su trascendental cometido en la contienda. Y, para ello, el economista alicantino, junto a su hermano e historiador, Valentín Martínez, que también ha participado en el proyecto, han trabajado los fondos de la Reserva Federal de Washington, del Banco de Inglaterra en Londres, de la Liga de Naciones en Ginebra o del Banco de Pagos Internacionales en Basilea, entre otros.

La publicación, recopilada en un libro, y que saldrá en primera instancia en Estados Unidos, ha contado además con la colaboración, como asesor, del reconocido hispanista Stanley Payne, así como la ayuda de numerosos investigadores españoles y extranjeros como el académico Sánchez Asiaín.

El estudio, titulado inicialmente «Economía y Moneda en la Guerra Civil Española», pretende, según Enrique Martínez, «sacar a la luz el papel de la moneda y el mercado cambiario durante la Guerra Civil Española con el propósito de que se conozca mejor su importancia. Esta labor de rastreo y documentación es muy laboriosa dado que los tipos de cambio oficiales que encontramos para la peseta republicana venían fijados por las autoridades del Frente Popular y tenían poco que ver con el valor real de la moneda, mientras que la falta de reconocimiento político de la peseta nacional nos ha dejado con pocos registros sobre su aceptación y cotización. Las pesquisas nos han llevado a archivos públicos y privados de toda España, pero muy especialmente fuera de nuestras fronteras y en particular en Francia, donde el mercado de divisas era más amplio para ambas pesetas».

¿Pero hasta qué punto manejó  mejor, el bando republicano o nacional, su financiación? «La guerra civil comenzó con una clara superioridad en recursos humanos y materiales bajo control del gobierno del Frente Popular, incluidas las reservas de oro del Banco de España. Sin embargo, también es sabido que la zona republicana sufrió una grave fragmentación económica y monetaria. Muchos pueblos llegaron a emitir moneda propia e incluso pretendieron abolir el uso del dinero. La zona republicana además sufrió las consecuencias de una financiación monetaria incontrolada del gasto público que derivó en una fuerte inflación interna y dependió de pagos al contado y por anticipado para garantizar sus suministros, especialmente de guerra, del exterior. El bando nacional, por su parte, contaba con menos recursos inicialmente, pero organizó mejor su economía de guerra y fue capaz de financiarse a crédito del extranjero, no solo a través de sus aliados en Alemania e Italia», afirmó Martínez, economista alicantino.

En este sentido, cabe destacar que esta investigación no solo se adentra en el terreno puramente económico, y aborda otras causas como la propaganda, claves para atraer dinero en cualquiera de los bandos enfrentados. «Los datos que hemos recopilado hasta ahora sugieren que la propaganda republicana resultó poco efectiva, especialmente desde finales de 1937, a la hora de convencer a compradores y vendedores de divisas de una victoria final republicana incluso durante la ofensiva del Ebro», añadió Martínez.

EL ORO DE MOSCÚ
Es, probablemente, uno de los capítulos económicos más conocidos de nuestra «guerra incivil». Un capítulo del que aún, pasados tantos años, siguen sobrevolando numerosas incógnitas sobre qué pudo ocurrir. Y, en esta nueva investigación, se han aportado más datos: «Fue una operación política de graves consecuencias económicas para la República que contribuyó al descontrol monetario que caracterizó la zona republicana durante la Guerra Civil y agravó su dependencia de la Unión Soviética. Sin embargo, no es el objeto de nuestro estudio y por eso nos centramos más en el papel que ésta y otras medidas tuvieron en la desvalorización de la peseta republicana. Lo que se demuestra en este sentido es que los republicanos no supieron sacar buen partido de las reservas de oro del Banco de España, mientras que los nacionales con menos recursos a su disposición se movieron con más habilidad para ganar la guerra», indica Valentín Martínez.

El estudio abarca otros temas interesantes como la división de instituciones en la guerra, o cómo el bando nacional, al final de la contienda, supo amortiguar el diferencial de inflación en ambas zonas. Con todo, ambos expertos, Enrique y Valentín Martínez, solicitan ayuda para completar otros campos como la cotización de la peseta en los mercados de cambios en Tánger o París.

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