Enrique Morente canta a Miguel Hernández
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Enrique Morente canta a Miguel Hernández

Warner publica un nuevo disco del cantaor granadino que recupera la versión flamenca del poema hernandiano «Andaluces de Jaén (Aceituneros)», eliminada por la censura franquista en 1971.

Publicado en Información el 14 de diciembre del 2015

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POSGUERRA ESPAÑOLA

Cuando se acaban de cumplir cinco años de la pérdida de Enrique Morente, quien supuso para el flamenco pieza imprescindible para la internacionalización de la música tradicional española y su reformulación, Warner publica el disco Y al volver la vista atrás, que reúne los cinco primeros discos que Morente grabó con EMI/Hispavox (del año 1966 a 1977). Álbum que reedita y restaura al milímetro cada pista de estos trabajos (bendita revolución tecnológica) y, en lo que respecta a su aporte más novedoso, recupera temas inéditos y censurados por la dictadura franquista.

Entre ellos, se encuentra la versión flamenca del poema hernandiano «Andaluces de Jaén (Aceituneros)» que la censura desechó y eliminó en 1971 cuando Enrique Morente publicó Homenaje flamenco a Miguel Hernández. Una verdadera primicia musical, por tanto, del que fuera una de las voces más prestigiosas y bellas en el patrimonio del flamenco.

«(El disco) salió en México antes que en España; con él me signifiqué, pero en la vida hay que tomar partido. Estando yo en un tablao de Madrid me eché amigos universitarios del Colegio Mayor San Juan Evangelista, y lo primero que me dieron los puñeteros fue un libro de Miguel. Lo conocí a través de ellos y tomé conciencia política», señaló Enrique Morente en una entrevista concedida a este medio en el 2008 con la periodista Ángeles Cáceres.

«Andaluces de Jaén (Aceituneros)» no fue un poema escogido al azar por Morente. De hecho, cabe destacar el significado y fuerza de estos versos que critican con dureza la desigualdad social en un lenguaje sencillo y llano, directo al corazón del obrero y del campesino explotado:

«Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.
No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!».

En el CD extra se recuperan otros cantes censurados en su día, como el fandango «Pa ese coche funeral», con Manzanita a la guitarra, en referencia a la muerte del presidente Luis Carrero Blanco, asesinado por ETA en 1973. También se incluyen dos piezas inéditas en CD de «La Celestina», el ballet de Susana y José que Enrique grabó en 1966, y dos tomas alternativas de los «Tangos» de Morente que abrían el álbum de 1975.

Cada álbum por separado será también reeditado próximamente en CD y en vinilo de 180 gramos en edición limitada.

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Vida, cárcel y muerte de un poeta: Miguel Hernández
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Vida, cárcel y muerte de un poeta: Miguel Hernández

El Archivo Histórico Provincial de Alicante, junto a la Fundación Cultural Miguel Hernández, dedica una exposición con numerosos documentos personales al autor de Vientos del pueblo. Entre los archivos, el expediente penitenciario sobre su traslado de Orihuela a la prisión de Madrid en noviembre de 1939 o su acta de boda. (FOTO: ISABEL RAMÓN). 

Publicado en Información el 25 de enero del 2014

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En el laberinto judicial que sufre a finales de 1939, Miguel Hernández fue encarcelado en el seminario de Orihuela para, poco después, ser trasladado a la cárcel de Madrid. El proceso de orden y captura se firmó el 14 de octubre de 1939, por el juez Martínez Gargallo, y tras la reclusión forzosa de unos meses en su pueblo natal fue a parar, orden judicial por medio, a la prisión madrileña de Conde de Toreno. Allí se reencontró con su amigo Antonio Buero Vallejo, con quien compartió confidencias, antes de su condena a muerte en enero de 1940 por adhesión a la rebelión militar.

El expediente penitenciario de Miguel Hernández en esta etapa decisiva de su vida, cuando fue desplazado de su Orihuela natal a la capital como preso, en noviembre y diciembre de 1939, es uno de los atractivos documentos que integran «Un poeta necesario: Exposición bibliográfica sobre Miguel Hernández», organizada por el Archivo Histórico Provincial de Alicante junto a la Fundación Cultural Miguel Hernández.

Una muestra que se adentra además en aspectos biográficos como su boda con Josefina Manresa, su legado literario y los homenajes que se suceden año tras año, siendo un recorrido especialmente sugestivo para el lector, aficionado o interesado en la vida, cárcel y muerte de un poeta universal.

«Se ha hecho también un esfuerzo para aportar fondos bibliográficos muy valiosos, originales y de diverso material documental escasamente difundido, que normalmente caen solo en manos de investigadores, así como de homenajes al poeta», señala la directora general de Cultura de la Generalitat, Marta Alonso Rodríguez, quien asistirá mañana a la inauguración de la exposición que acoge el Archivo Histórico Provincial de Alicante (calle Guillén de Castro, número 3).

De hecho, como señala Rodríguez, también estará disponible al público los archivos del «Homenaje de los pueblos de España a Miguel Hernández», efectuado en 1976 en todo el país, y que fue donado a la institución alicantina por el Club de Amigos de la Unesco. Unos fondos que despiertan vivo interés ya que hacen alusión a diversos actos culturales sobre el poeta como los recitales del grupo Jarcha o Pi de la Serra; intervenciones poéticas de Félix Grande o la poeta alicantina y Premio Nacional de Poesía, Francisca Aguirre; el montaje escénico de la Peña Cultural Barcelonesa, Me llamo Barro; el recital de canciones del grupo La Bullonera en Orihuela, o la compañía de ballet Az de la Complutense de Madrid;  y, sobre todo, figuran entre estos apuntes las personalidades que se comprometieron a colaborar en el homenaje como Gabriel Celaya, Francisco Umbral, Vicent Andrés Estellés, Manuel Vázquez Montalbán, Aurora de Albornoz, Josep María Castellet, Pere Quart y los poetas vivos de la Generación del 27.

En este sentido, también se recogen en estas notas las adhesiones de instituciones al homenaje, así como la cesión de locales que diversos organismos, salas de exposiciones y librerías particulares se sumaron a aquel acontecimiento histórico y cultural de 1976.

«El compromiso, voluntad, respeto y ganas por recordar a Miguel Hernández lo seguimos teniendo, con esta exposición o la convocatoria de premios literarios, que seguiremos apoyando para trabajar en su difusión», apuntó Marta Alonso Rodríguez, directora general de Cultura de la Generalitat, quien destacó el objetivo informativo y educacional de la muestra.

«Un poeta necesario: Exposición bibliográfica sobre Miguel Hernández» incorpora el acta de matrimonio del poeta con Josefina Manresa, cedida para la ocasión por el ministerio del Interior, y el expediente procesal de finales de 1939 de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, debido a que los archivos históricos provinciales custodian por ley la documentación de la Administración Periférica del Estado.

Respecto al fondo bibliográfico, se exhiben las primeras colaboraciones del poeta en revistas oriolanas, así como su participación en actos culturales (homenajes al alicantino Gabriel Miró en 1932, y a Ramón Sijé en 1936), así como algunas de sus obras iniciales (Perito en lunas).

La exposición, a través del fondo documental, también se hace eco de cómo, tras la Guerra Civil, van apareciendo los primeros poemas de Miguel Hernández (sin carga política, claro está) en revistas minoritarias de Alicante, Orihuela, Elche, Valladolid, Melilla, Madrid… dirigidas por amigos y admiradores que comunican las noticias (con el alicantino Vicente Ramos, Manuel Molina, Jacinto López o Miguel Fernández, entre otros…).

En 1952, Arturo del Hoyo se atreve con un primer intento de obra recogida del poeta de Orihuela que arrastró una fuerte polémica por los escritores más cercanos a la dictadura franquista.

En 1960, la editorial Losada, de Buenos Aires, lanza al mercado editorial las obras completas de Miguel Hernández, al cuidado del paraguayo Elvio Romero, que se expandieron notablemente en países como Argentina, México y Cuba, donde estaban instalados un gran número de exiliados republicanos.

Con los años 70 del pasado siglo, la presencia de Miguel Hernández se multiplica en España, entre libros y el calor cultural de las universidades, cantautores y una sociedad que reclamaba libertad con sus versos.

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El verdugo de Miguel Hernández
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El verdugo de Miguel Hernández

Manuel Martínez Gargallo, el juez que condenó a muerte al poeta de Orihuela en 1939, fue un conocido articulista de humor junto a otras firmas de la Generación del 27 como Edgar Neville, según la reciente investigación del profesor Juan A. Ríos Carratalá , de la Universidad de Alicante

Publicado en Información el 11 de mayo del 2014

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El juez que condenó a muerte a Miguel Hernández, a finales de 1939, en un proceso sin garantías judiciales de ningún tipo, al término de la Guerra Civil, se llama Manuel Martínez Gargallo y fue un activo y conocido articulista de humor junto a otras firmas distinguidas de la Generación del 27 como Enrique Jardiel Poncela y Edgar Neville.

Aunque pueda parecer lo contrario, y pese a las montañas de papel que podrían acumular a día de hoy las investigaciones sobre Miguel Hernández, apenas se conocen datos de Manuel Martínez Gargallo, el verdugo del poeta de Orihuela y de otros tantos escritores, periodistas e intelectuales leales a la República desde que éste se pusiera al frente del tribunal especial de Prensa en la dictadura franquista.

«El pasado del juez instructor no varía la valoración del proceso contra Miguel Hernández, pero su desconocimiento prueba la frecuente falta de curiosidad para conocer los verdugos de la judicatura o la milicia cuando nos ocupamos de las víctimas», señala Juan A. Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante (UA), y autor de esta reciente investigación sobre el juez Martínez Gargallo que da luz a su perfil biográfico como escritor de éxito en relatos humorísticos.

«Los pormenores del proceso de Miguel Hernández se conocen y se repiten con el rigor previsible cuando se trata de un autor de prestigio que cuenta con una amplia bibliografía. Las posibilidades de añadir una información relevante son escasas, pero –según me cuentan mis colegas hernandianos de la Universidad de Alicante- nadie ha manifestado especial interés por perfilar la silueta de quien procesara al oriolano con tan trágicas consecuencias. De ahí que se ignore, hasta ahora, el pasado de Manuel Martínez Gargallo como “fino humorista” en la línea de Jardiel Poncela y otros representantes del espíritu innovador que exaltaba la juventud y la modernidad», agrega Ríos Carratalá, quien tiene previsto publicar la primera parte de esta historia en la revista de la Universidad de Temple, en Estados Unidos, aunque tiene suficientes datos como para completarla y añadirla en un futuro libro.

¿Y quién fue Manuel Martínez Gargallo? Sus compañeros de la Generación del 27 le definían como un autor de talento, con grandes dotes de imaginación e ingenio, que se movía entre relatos con hipopótamos parlanchines o viajeros que perdían su bazo en el trayecto del autobús. Cuentos y escritos que, en definitiva, provocaban las risas de los lectores de Buen Humor y, para él, funcionaban como un bálsamo ante la dureza de las oposiciones a juez. Su presencia junto a los humoristas del 27 se justifica también por sus colaboraciones en otras publicaciones como Cosmópolis, Ondas, Gutiérrez, Blanco y Negro, ABC, Cinegramas

Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense, fue un habitual de las publicaciones humorísticas hasta que en marzo de 1931, poco antes de la proclamación de la II República, obtuvo la plaza de juez en Murias de Paredes, un pequeño pueblo de León que por entonces no alcanzaba ni los 3.000 habitantes. Es más, por temor a ser reconocido en las revistas de humor, y su carrera judicial se pudiera ver afectada, muchos de sus cuentos los firmó como Manuel Lázaro.

Al poco de ejercer como magistrado en la II República, fue trasladado de la pequeña localidad de Murias de Paredes al juzgado de Ávila, lo que puede considerarse como un ascenso, donde continuó trabajando con normalidad hasta que el alzamiento militar y la brutalidad de la Guerra Civil precipita los acontecimientos: Manuel Martínez Gargallo viaja entonces a Madrid, huye por la sierra y se une así al bando nacional, hasta que al término de la misma es nombrado juez instructor para los casos seguidos contra los periodistas, dibujantes y escritores que se manifestaron a favor de la II República.

Martínez Gargallo fue un magistrado especialmente virulento y opresor, que no solo se prueba por la causa de Miguel Hernández, sino por otros casos como cuando procesó a uno de los dibujantes de sus cuentos, Enrique Martínez Echevarría; o cuando fue capaz de transformar una pena inicial de 12 años al periodista Diego San José por otra de condena a muerte.

«Convendría reflexionar acerca de por qué los historiadores dejamos en el anonimato de lo burocrático los nombres de quienes procesaron a Miguel Hernández y otros muchos escritores. Conocemos sus firmas y rango gracias a los documentos, pero nos cuesta preguntarnos por su perfil que, en casos como el presente, produce cierta inquietud una vez superada la sorpresa», se plantea Ríos Carratalá en su investigación.

Tras su destacada actuación en los consejos de guerra, el juez Martínez Gargallo fue un asiduo de las tertulias madrileñas como la del café Gijón (allí se cruzaría con algún condenad0, cuando el miedo aún reinaba) y ocupó otros cargos como el de fiscal de tasas en Mallorca o magistrado en Gerona, hasta su jubilación en 1974. Por aquel tiempo, quizás, el viejo juez pudo escuchar los versos de Miguel Hernández, los primeros atisbos por rescatar su memoria… pero se mantuvo en silencio, porque tampoco nadie fue a pedirle explicaciones.

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Flores para Miguel Hernández
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Flores para Miguel Hernández

La Senda del Poeta, integrada por más de 2.500 personas, culmina con el tradicional homenaje en la tumba del célebre autor en el cementerio de Alicante. El escritor oriolano fue capturado hace 75 años en Portugal cuando huía de la represión. (FOTO: JUAN CARLOS APARICIO)

Publicado en Información el 31 de marzo del 2014

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En mayo de 1939, hace 75 años, Miguel Hernández cruzó a Portugal por un paso clandestino en las cercanías de Rosal de la Frontera, en una zona habitual de huida para muchos milicianos ante el inminente final de nuestra «guerra incivil».

El poeta cabrero, según relata el escritor alicantino José Luis Ferris en su biografía Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, alcanzó el pueblo de Santo Aleixo internándose poco después en Moura. En aquellos días, el autor de Vientos del pueblo se vio necesitado de dinero para comer y recuperar fuerzas, tras varias jornadas de caminata y durmiendo a la intemperie. Así, ante estas circunstancias, vendió el traje oscuro y el reloj de oro que le había regalado Vicente Aleixandre por su boda, aunque su aspecto poco saludable y enclenque, carcomido por el esfuerzo, levantó sospechas por el comprador que acabó denunciándole a la policía salazarista temiendo que fuera un ladrón.

Devuelto y entregado a España, Miguel Hernández se vio envuelto así en un injusto proceso de tortura, muerte y sufrimiento que desemboca en los acontecimientos que todos conocemos, ante el fallecimiento del poeta oriolano por fimia pulmonar en la enfermería de la cárcel franquista de Alicante el 28 de marzo 1942.

75 años después de aquella triste captura, decíamos, Miguel Hernández está lejos de ser considerado un poeta «fusilado por el olvidado», que afirmara el escritor Leopoldo de Luis, por la inmensidad de sus versos y la universalidad de su legado, que permanecen inalterables al transcurso del tiempo. Y prueba de ello es la Senda del Poeta, que cada año, puntual, por estas fechas, acude en masa hasta la tumba del poeta en Alicante para rendirle un sentido homenaje.

Cerca de 1.000 personas (del total de 2.500 que partieron al inicio del recorrido), según la organización, cubrieron ayer su lápida de flores multicolores y le rodearon con banderas de la República. Y al mismo tiempo, como en cada edición, se recitaron algunas de sus poesías más conocidas, tirando de libros o de memoria, porque sus versos ya se llevan cantando desde hace días entre los asistentes.

Entre la alegría, aplausos y recibimiento de los familiares de los senderistas allí congregados, se pudo ver a distintos representantes políticos, como Marcos Sanchis, director del IVAJ; el portavoz socialista en el Ayuntamiento de Alicante, Miguel Ull; y el concejal de Juventud de Alicante, Pablo Sandoval, quien destacó la emotividad de este acto encaminado «a rescatar su memoria, su obra, y a que Miguel no caiga en el olvido».

También estuvo presente el profesor Francisco Esteve, referente absoluto de la obra hernandiana, y director de la cátedra Miguel Hernández de la UMH de Elche, quien recordó el carácter internacional de la cita y el premio convocado por el municipio de Redován (donde nació el padre del poeta cabrero) y que se llevó a título póstumo el senderista Francisco Martínez Martínez, fallecido hace solo unos días.

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El amor en Miguel Hernández
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El amor en Miguel Hernández

Miguel Hernández, en el conocido retrato ralizado por Buero Vallejo días atrás a su muerte

Hasta el día de su fallecimiento, en 1986, Josefina Manresa (la viuda de Miguel Hernández) luchó contra todas las calumnias de biógrafos e investigadores interesados que únicamente pretendían el morbo y la controversia como fuente de dinero. Halagó, corrigió y calló según correspondía, a expensas del tiempo, ya tocase en los años finales del siglo XX o bien, cincuenta atrás, cuando los ejemplares del poeta quedaban apartados en las esquinas de alguna librería, sobre una vieja caja de cartón en la que colgaba la etiqueta de “obras republicanas”.

Pero toda defensa conlleva un peligro que debe eliminarse –los propios-, que la eterna compañera del poeta no pudo limar. Josefina Manresa siempre negó de forma explícita, la posibilidad de que otras mujeres hubieran sido motivo de sus versos o merecedoras de un espacio en la vida de su marido, Miguel Hernández.

Su primer y alocado amor de juventud brota cuando le delatan el temblor de sus manos y la rojez de sus pómulos, en su Orihuela natal, y contempla a aquella muchacha llamada Carmen Samper Reig, que le rechazó porque “tenía ojos de loco, como si quisieran salirse de sus órbitas”. Un tiempo después, se produce su marcha a la capital. Las epístolas iniciales a su llegada a Madrid van dirigidas a Josefina, hasta que la distancia se convierte en un muro infranqueable y el tiempo mata los recuerdos.

Entre las numerosas hipótesis de esta causa que sostienen los estudiosos, la más evidente: la pura y electrizante atracción entre el poeta y Maruja Mallo. Ella era una pintora de indudable valor, con prestigiosas colaboraciones en la Revista de Occidente, sus decoraciones para el teatro de Rafael Alberti o sus exposiciones en la ciudad de las luces. Él, un poeta que venía de la naturaleza cargado de versos. Porque la poesía es siempre un acto de amor como de liberación, ya que nada nos libera tanto como amar.

Gracias a las reconstrucciones que nos sirven otros intelectuales de la época, conocemos sus escarceos bajo los puentes, sus salidas por las afueras de Madrid y sus noches recostados en los trigales, contando juntos las estrellas. Tras el rechazo de la pintora gallega, Miguel se sumergió en los amores efímeros de María Zambrano y María Cegarra. Y es que Miguel Hernández era creyente. Y creyó siempre en lo mismo, en el rayo que no cesa y en el amor que no acaba.

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